Con que no me jodan, basta – @_ej_es

Erica Jade @_ej_es, krakens y sirenas, Perspectivas

Cuando la piel se resquebraja, reseca y cuarteada por el castigo de la soledad; cuando bebes agua por miedo a que tus lágrimas te dejen seca; cuando, por más que miran, tus ojos no consiguen ver final alguno en este desierto… Entonces, es entonces cuando caes, rendida, sin sitio a donde ir y sin saber si hay hogar alguno al que regresar.

Boqueas, como pez fuera del agua, peleando aún, apenas unos instantes, y te das cuenta que ese aire quema. Ese aire abrasa dentro, causando más daño que alivio.

Ya no hay alivio, ni calma, ni brisa que avive un poco el eco de lo que creíste que había.

Ya no queda nada del espejismo que te mantenía atada a una realidad que no sabes a quién pertenece, pero no es a ti.

A ti, que ya no reconoces este cuerpo como tuyo, ni te sirve ya el ir y venir diario, ése que se te antoja vacío y extraño.

 

Las ganas de buscar porqués, se han ido.

Las ganas de encontrar algún para qué, también.

La rendición que antes aparecía como algo imposible, como derrota, ahora se perfila como luz y calma.

Pero, ¿rendirse a qué?

¿Rendirse en qué?

¿Rendirse cómo?

Nombrarla alivia, pero ni siquiera sabes rendirte, y vuelve la desazón de la cuesta arriba, donde ya no sabes si será mejor intentar seguir subiendo, o bajar.

¿Cuál de las dos opciones es la que te lleva a rendirte?

Y entonces caes en la cuenta de que no sabías en qué guerra estabas cuando empezaste a pensar en rendición. La guerra era contigo, sólo contigo.

Y es entonces cuando te das cuenta que has de recoger los cadáveres y asumir el dolor.

¿Cómo reconocer las dos partes si ambas son parte de ti?

¿Cómo acoger a partes tan distintas dentro de ti que decidieron llevarte a la guerra?

 

Miras adentro y sólo hay oscuridad. La luz está allí fuera: sol, estrellas, luna…

Queda otro espacio, aquí, entre allá arriba y adentro. Pero aquí, donde hay tanto ruido y confusión, con que no me jodan, basta.

 

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