Como usted – @ibersum

dkys colaboraciones De principio a fin

Dio el último sorbo al vaso de whisky y pensó que esa noche no terminaría como solía ser habitual. Sentado en el borde de la cama, con la cabeza entre las manos, pensando si su cadáver quedaría más bonito con un disparo o con dos.

La puerta se abrió. Tuvo el tiempo justo de guardar el revólver.

-Disculpe, caballero, llamé y nadie contestó. Soy su camarera, vengo a hacerle la habitación.

Dudó un momento pero la dejó pasar. La última persona que lo vería con vida sería una desconocida. Rió la ironía.

– Tiene usted cara de buena persona. No se me despinta un buen hombre y eso que no he visto muchos.

-¿No?

-Es que no soy de aquí.

-¿De dónde es?

-Del mar.

-¿La costa?

-No, del mar. Verá usted: yo era la típica sirena que salvó al príncipe más apuesto. Me enamoré de él y cambié mi bien más preciado por tener piernas. ¡Y qué piernas! Toque, toque.

El miró hacia un lado haciendo un gesto de incredulidad. «Me tuvo que tocar la loca».

-Como le decía, una vez que conseguí mis piernas me vine a buscar al príncipe. Lo encontré. De príncipe nada. Menudo borracho indecente. Qué mala vida me daba el muy… Anda que no fregué escaleras para pagarle las borracheras. A veces me daba la depre, pero me miraba las piernas y se me pasaba. Lo mejor era hacerlas funcionar, ir de un sitio a otro, contemplar el mundo, hablar con la gente buena, aprender, disfrutar y al fin escapar. Además nadan de lujo.

Intrigado, preguntó:

-¿Qué bien que entregó?

A la sirena camarera se le llenaron los ojos del mar más amargo, el de las lágrimas.

-Poder tener hijos y hacer de ellos buenas personas, como usted.

Dejó a los niños en el colegio después de dar un beso a cada uno y asegurarles que a la salida estaría esperándoles y no dejó de mirarlos, orgulloso, hasta que traspasaron la puerta y le saludaron con la mano.