Cocaine – @Candid_Albicans + @_soloB + @GraceKlimt

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Soy adicta a las emociones fuertes. Mi vida es una montaña rusa y subo y bajo según mi estado de ánimo. Soy adicta al sexo en sitios públicos con desconocidos. A la cerveza a las 8 de la tarde. A las rayas de las 3 de la madrugada. Pero sobre todo, soy adicta a hacerme daño. Soy adicta a llamarte a pesar de que no me cojas el teléfono. A escuchar tu voz cada 21 días. A que me digas «no» y acto seguido me torture en el baño con otro corte limpio y pequeño en mi muslo izquierdo. Con la cuchilla de afeitar que guardo cuidadosamente en el neceser de emergencia.

Todavía grito tu nombre en sueños, empapada en sudor y arañando las heridas de mis muslos para evocar tu recuerdo. O el dolor. Si sois lo mismo no lo sé, y qué más da. Despierto y ya no soy niña. La lengua fétida de tu amante ya no invade mi boca y sus dedos ya no recorren mi pubis infantil como culebras ansiosas. Aunque tú no quieras verme, yo te busco cada día en mis ojos al mirarme al espejo. Y siempre te encuentro. Y sonrío. Entonces apareces tú, sonriendo como lo hacías mientras él se bajaba los pantalones para mostrarme su erección. “Mira lo que le gusta a tu madre. Seguro que tú también quieres probarla, ¿eh putita?

Eres mi cocaína. Yo, que he probado los manjares del cielo de manos de ángeles de alas negras, y me he empachado de los placeres del infierno acompañada por demonios blancos, te necesito. Te odio, te quiero, te anhelo. Sobre todo te anhelo. Imagino tus brazos rodeando mi pequeño cuerpo tembloroso, tus labios besando mis lágrimas, tus manos convirtiéndose en burbuja, tu voz susurrando en mi oído «no temas, pequeña, todo va a ir bien«. Vuelvo a descolgar el teléfono, marco el número, pero al otro lado lo que oigo no es un sueño, es la puta pesadilla volviéndose a hacer realidad. Me rompes. Vomito. Me meto una raya más.

Caigo una vez más en el pozo. Cuando creo que he tocado fondo, puedo bajar un poco más. No tengo alas. Me las arrancasteis de cuajo él y tú. Me robasteis mi infancia. Tú, cómplice de aquella barbarie, tus labios sellados mientras mis manitas temblaban de miedo en aquella habitación que me recuerda a esta ahora mismo. Y mis pesadillas nocturnas, sola. Llantos ahogados inocentes.

¿No lo entiendes verdad? No apartes la mirada, joder. Por una vez ten el valor de mirar a tu muñeca de trapo. Lo sé, estoy un poco delgada. Pero te prometo que a partir de ahora voy a cuidarme si tú me ayudas. Y yo te cuidaré a ti. No llores. Disculpa si no te he desatado, pero no quiero que te vayas todavía. Te necesito. Dos rayas. Tres. Estoy feliz, joder. Es el puto mejor día de mi vida.

Ya no te mueves. Genial. La TTX ha hecho efecto, mi colega me habló de sus virtudes pero no me lo creía. Qué puta maravilla. Tengo suero para que tus ojos no se sequen demasiado al no parpadear, tranquila. Te presento al Señor Bate de Béisbol, a la Señorita Navaja y a Don Consolador. Cuántas ganas tenía de poder jugar juntas. Otra raya. Que empiece el juego. Cuánto te quiero, mamá.

 

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