Cinco recuerdos – @anapsicopoet

ANA CASADO @anapsicopoet, krakens y sirenas, Perspectivas Deja un comentario

Por la mente de Eva transitan cinco recuerdos como cinco peregrinos en busca del templo sagrado, de la cima santa. Cinco, cinco recuerdos no caducos empeñados en desestabilizar el presente y mil futuros con un pasado.

Cada día al amanecer asoma su mirada entre las rejas de la memoria para volver a ver el rostro de aquel desconocido en el que un día confío. Alérgica a recordar, ha convertido el reseteo diario en el mecanismo de defensa necesario para no ahogarse en la evocación del tacto de sus manos, en las carcajadas compartidas entrada la madrugada, ni en su arder insaciable. A pesar de ello, Eva nada entre mil imágenes en forma de recuerdos, a veces sádicos, a veces masocas y por momentos nostálgicos. Los ordena y jerarquiza para relativizar la importancia de una persona que surgió de la nada y hacia la nada vaga. Pero vuelven una y otra vez a rincones incontrolados de su cabeza; cada mañana con el despertar, y cada noche antes que el sueño.

El primer encuentro, una timidez fingida, una sutil caricia en la espalda, que derrama ganas y una mirada entrenada para mostrar sentimientos que sus entrañas no sienten.
La primera noche y dos instintos fusionados contra la pared de una habitación de hotel.
Las risas cómplices de dos perturbados sueltos en el centro de Madrid.
Su primera mentira y la sensación de estupidez y decepción, el sudor de las manos, las lágrimas y los latidos como bombas de racimo.
Y el primer intento de olvido buscando la coherencia en la soledad y el silencio, lejos de la ciudad.

Pasa el tiempo, y a ritmo de violín Eva rompe sus notas entre un manto de multitud, recordando aquellos labios podridos, y preguntándose cómo le pudo pasar a ella.

Hoy sigue viendo el rostro de aquel muchacho en alguna pareidolia con cara chiste y, a pesar de todo, le recuerda con más pena que rencor, porque con el transcurso del tiempo ha entendido que él es más víctima que verdugo y que, citando a nuestras abuelas y sus sabios consejos: “no hay mal que cien años dure”.

 

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