Cierra al salir – @Macon_inMotion

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Una tímida gota de sudor reflejaba la luz amarillenta de la sala donde estaba aquel chico. Mal momento para que apareciese. Reflejaba nerviosismo y este sería advertido por el resto de personas que estaban sentadas a su alrededor.

-Qué te pasa, ¿estás nervioso? porque entonces creo que aprovecharé para apostar.- dijo el gordo que llevaba toda la noche jodiendole a base de resubir todas sus apuestas, mientras le miraba con una sonrisa burlona. Apilaba las fichas tranquilamente, sabedor de que su mano era ganadora. «Puto cabronazo» pensó el chico, al tiempo que tiraba por enésima vez sus cartas. Miraba su pila de fichas. Había descendido drásticamente a pesar de que había empezado ganando. Respiró profundamente antes de echar un trago de su cerveza. Su cerebro bullía.

Eran ya las seis de la mañana y de las ocho personas que se habían sentado a primera hora de la tarde sólo quedaban aquel asqueroso gordo y él. Le habían avisado, en aquel tugurio el ganador se lo llevaba todo. Sin medias tintas. Aquel gordo era concejal en el ayuntamiento pero en la mesa habían estado también un policía municipal, un empresario local, un chino de 80 años que no paraba de fumar en pipa, un camello y un par de tipos con trajes de Armani y acento madrileño.

-Eh. Vas o qué.- le espetó el gordo, sacándole de su ensimismamiento. El chico levantó una esquina de las dos cartas que le habían repartido, ocultándolas con la otra mano. Casi podía notar una docena pares de ojos escrutándole. El camarero, un par de chicas que pululaban por allí, el gordo de mierda y el resto de jugadores, ya fuera de juego. -Voy.- dijo por fin el chico, tirando con fingido desinterés las fichas al centro de la mesa. Aún no había terminado de igualar la apuesta y su oponente ya la estaba subiendo. Así había sido toda la maldita partida, mano tras mano, durante horas.

Una vez más tenía que retirarse ante la siguiente apuesta del gordo. La historia de nunca acabar. Con aquella mano estaban igualados de nuevo. El chico miraba a su oponente fumando un puro. Celebrando anticipadamente su victoria. El humo inundaba ahora toda la estancia. Apretaba el calor. El chico a duras penas podía aguantar el tipo ante las furibundas apuestas de aquel puto concejal. -Me asqueas, chaval.- dijo levantándose abruptamente de la mesa. -Voy a por una copa.-

De reojo, el chico pudo ver cómo era algo más de una copa lo que el hombre se preparaba. Encorvándose sobre la barra aspiraba una gruesa línea de cocaína. «Estupendo«, pensó.

Volvía a la mesa dándose palmadas en su estómago mientras sujetaba la copa con la otra, derramando algo de su contenido por el camino. -Juguemos al poker, medio mierdas, acabemos con esto ya.- soltó.

Dos cartas le fueron entregadas a cada uno. Se miraron unos segundos y el chico hizo una pequeña apuesta, igualada al instante por su rival. El repartidor descubrió tres cartas. Una reina. Un as. Otro as. Volvieron a apostar ambos. La tensión era un espectador más. El chico observó que al gordo le empezó a temblar la mano derecha de forma casi imperceptible. Mala señal, eso es que iba cargado. A continuación salió la cuarta carta. Un rey. El gordo resopló. ¿Había dejado de temblar su mano? ¿Le estaba engañando? ¿Iba de farol? De pronto era ilegible. El resto de personas se había acercado a la mesa poco a poco y ahora el ambiente era axfisiante. Sorprendentemente, ambos pasaron su turno, estudiándose como dos leopardos, tensos, antes de lanzarse el uno contra el otro. El repartidor procedió a voltear la quinta y última carta. Contuvieron el aliento durante lo que pareció una eternidad mientras el naipe surcaba el aire antes de reposar suavemente en el fieltro verde. Otra reina. A estas alturas había más fichas en el centro de la mesa que entre las manos de los dos jugadores. El gordó pasó. Intentaba inducir que el chico apostase. Este trago saliva, dejó salir el aire de sus pulmones y levantando lentamente la cabeza dijo -All in.-

-Lo veo.- respondió el gordo rápidamente, frotándose las manos. Levantó sus cartas. Un as y un rey, que junto a los dos ases y al rey que ya estaban en la mesa formaban un full de ases y reyes. -Estás jodido chaval.- dijo riéndose sin control mientras se levantaba de su asiento frotándose las manos.

El chico estaba sereno. Una ligera sonrisa alumbraba su cara. En su mano tenía dos reinas, que junto a las dos de la mesa formaban un poker de reinas. Había ganado. Deslizó las cartas boca arriba por el tapete con el brazo estirado y mirando a los ojos al gordo asqueroso le dijo: Cierra al salir.

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