Celos – @candid_albicans

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No sé en qué momento perdí la razón.

Clara

El mes que viene es el cumpleaños de Juan. Coincide además con nuestro décimo aniversario de boda, y estoy deseando hacerle un regalo que no olvide jamás. No dispongo de mucho dinero, ya que la empresa en la que él trabajaba quebró hace un año y vivimos de mi modesto sueldo de enfermera. He ido ahorrando la media cajetilla diaria que ya no fumo, renunciado a mis clases de yoga y a algún que otro pequeño capricho que me daba antes, cuando vivíamos sin preocupaciones de carácter económico. No me ha costado renunciar a nada de eso. Podría renunciar a cualquier cosa. A todo menos a él. Lo amo.

Juan

Ahí está, recostada en el sofá con la mirada perdida en el infinito. Últimamente la noto distraída, ausente, incluso diría que apática. Desde que me despidieron trabaja más horas para poder asumir los gastos que antes afrontábamos juntos, y pasa fuera de casa más tiempo del que me gustaría. Temo que haya conocido a alguien nuevo en su trabajo; alguien que sepa hacerla reír como lo hacía yo antes de que la depresión se cebase conmigo. Temo que decida cambiarme por otro. No quiero ni pensarlo. Recorro su cuerpo con la mirada y me resulta casi molesto que siga rezumando la misma sensualidad descarada que cuando la conocí hace doce años. Podría tener a sus pies a cualquier hombre. Sé que muchos la desean, pero no pienso renunciar a ella. Es mía.

Clara

Hoy cenaremos con Carlos y su mujer. Me he enterado de que un amigo suyo da clases de parapente y sale a volar de vez en cuando en un biplaza si el tiempo acompaña. Me ha parecido que regalarle a Juan un vuelo sería una idea muy original. Se lo voy a comentar a Carlos esta noche durante la cena sin que él se entere, a ver si me puede poner en contacto con ese chico. Ay, ¡estoy tan emocionada! Tanto que a veces me sorprendo sonriendo sola al imaginar su cara, sus ojos brillando de emoción, su sonrisa. Su sonrisa. Cómo echo de menos tu sonrisa, Juan. Para ese mismo fin de semana he reservado habitación en un precioso hotel rural apartado de la ciudad. Se me escapa un poco del presupuesto, pero quiero que todo sea perfecto. Que se olvide de sus preocupaciones durante al menos unas horas. Que todo vuelva a ser como antes. Quiero volver a verlo reír como lo hacía antes de que su depresión tomase las riendas de nuestras vidas.

Juan

Se ha puesto una blusa blanca estratégicamente desabotonada que deja al descubierto su sensual escote y parte del encaje de su ropa interior. Carlos no le quita los ojos de encima, el hijo de puta. Cuando se levantó para ir a la cocina ella salió detrás de él con no sé qué excusa y ahora llevan un buen rato hablando allí, solos. Elena, su mujer, no hace más que hablarme de su maldita clase de pintura y de sus cuadros. No entiendo lo que me dice. Joder, cállate. Se ríen… no oigo lo que hablan. Necesito hablar con ella en cuanto lleguemos.

Clara contesta a mis preguntas con evasivas. Incluso en algún momento me ha parecido ver una media sonrisa dibujada en su rostro. ¿Se está riendo de mí? ¿Cree que no me he dado cuenta de que entre ella y Carlos hay algo? No soy gilipollas.

Sin saber bien lo que espero encontrar reviso su bolso, su billetera, su móvil, los bolsillos de sus chaquetas, los cajones de su mesita de noche. Dentro de su agenda encuentro una reserva de hotel en las afueras para un fin de semana. El mundo se abre bajo mis pies y me desplomo sobre la cama sin fuerzas, sin sangre en el cuerpo, la boca seca, pulmones sin aire, lágrimas de rabia, de ira, de odio. De orgullo maltrecho. No permitiré que me dejes, Clara.

Clara

Juan lleva toda la semana haciéndome preguntas incoherentes y fuera de lugar acerca de mis compañeros de trabajo e incluso de su amigo Carlos. Me he negado a responder a algunas por absurdas y a otras porque desvelaría parte de la sorpresa. Espero que se le pase pronto. Me duele que dude de mí, él, que lo significa todo. Estoy deseando llegar a casa para decirle que sigue siendo el hombre de mi vida. Que quiero envejecer y morir a tu lado, Juan.

Juan

Hace una hora que terminó su turno de trabajo. ¿A dónde habrá ido? ¿Con quién? Debería estar aquí ya. La he llamado al móvil al menos diez veces pero sale el maldito buzón de voz. Seguro que está con su amante, el que una vez fuera mi mejor amigo. No puedo dejar de recorrer la habitación en círculos. Si no vienes salgo a buscarte.

Ruído de llaves. Es ella. Corro a su encuentro y me pierdo en mi propia oscuridad.

Recuerda aquel parasiempre que te juré, Clara.

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