Cartas a Stefan – @soy_tumusa + @xelluch

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Querido Stefan,

Hace ya más de cuatro años que nos vimos por última vez después de tanto tiempo. 

Ya sabes que yo siempre tengo la tendencia de ver la botella medio vacía y que siempre me frenan esos tres mil kilómetros de distancia que nos separan, aunque tú, con esa sonrisa pícara que siempre arrasa con mi dolor la acompañas de un “tan solo son tres horas de vuelo”, tres inalcanzables horas para estar junto a ti.  Demasiada lejanía para volver a empezar. 

Maldigo el día en que decidí no seguir tu sueño de volar por todos los rincones del planeta para no dejar a mi familia aún más huérfana después de la muerte de papá. Fue muy difícil para mí tomar esa triste y equivocada decisión. Por aquel entonces solo yo proporcionaba el sustento económico en mi casa, ya que mis dos hermanos eran aún demasiado pequeños y mi madre egoístamente no estuvo nada dispuesta a sacrificarse para que todos pudiéramos salir hacia adelante. 

Han pasado más de veinte años desde entonces y la vida nos ha llevado por caminos muy diferentes. 

Tu conseguiste triunfar y alcanzar el sueño de ser un ciudadano sin fronteras pilotando un Boeing 787 de Norwegian, lograste tu sueño, dar mil vueltas al mundo, visitar cientos de aeropuertos, conocer lugares, hoteles, personas… En cambio yo, mírame, solo he llegado a ser la contable de una pequeña empresa familiar gracias a los estudios on-line que me robaban horas de sueño después de trabajar duramente en aquella lavandería industrial para tener económicamente satisfecha a mi madre. Que triste todo cuando miro hacia atrás.

Lo peor de todo, el peso que más me duele a lo largo de tantos años es que creí que podría olvidarme de ti casándome con un hombre al cual después de innumerables intentos jamás he llegado a amar ni si quiera la mitad con la que te sigo queriendo, aún no he conseguido que se deje ver por dentro, jamás logré conectar con él ni en lo íntimo ni en lo personal, por ello me siento frustrada, fracasada, vacía y hueca, como una tinaja vieja que ya nadie usa.

De él solo me llevo decepción tras decepción con tanta frialdad y tan poca complicidad. Desde entonces, para ir sobreviviendo me he tenido que conformar con esas conversaciones imaginarias contigo que por mucho que quiera evitar, siempre acaban ocupando mi mente. 

Tengo que reconocer que esas conversaciones inventadas alivian una dura batalla que libro contra las hojas del calendario para poder hablar contigo unos instantes teniendo una buena excusa, tu cumpleaños, el nueve de Octubre y las fiestas de Navidad. 

Fíjate que ironía tan tortuosa de que no haya ni un solo día que no me duerma ni me despierte pensando en ti y que eso me haga soñar varias veces al año contigo, quedándome siempre con la sensación de que la pesadilla empieza cuando despierto. 

Actualmente todas mis ilusiones y mis esfuerzos se centran en mi única vía de escape, en mi única razón para seguir adelante.

Él es mi otro Stefan, nuestro pequeño Stefan que hoy cumple cinco años. 

Cartas a Stefan, cartas imaginarias que jamás enviaré. 

…..

Perplejo, deposita la carta dentro de la caja de madera azul, su mano temblorosa hace que la tapadera caiga al suelo bajo un sonido ensordecedor. Apenas puede agacharse para recogerla, sus piernas no obedecen porque en su cerebro únicamente le suceden un sin fin de imágenes a modo de flash back que le recuerdan cada paso de su vida, la vida que compartía con ella, con su hijo, una vida familiar que acaba de romperse en mil pedazos.

Aquella tarde, la última tarde, el destino o quizás el azar o simplemente que tenía que pasar, buscando los antiguos documentos de una finca heredada, la vida le llevo a aquella caja azul, llena de polvo que escondía un abismo, y terremoto que en dos minutos fue capaz de arrasar con todo lo que había construido.

“Stefan, querido hijo, tú que has sido aliento en nuestras tristes vidas” se decía una y otra vez con un inapreciable hilo de voz, tú que desde tu llegada has sido orgullo, satisfacción y alegría, sobre todo para ella, pensé que cuando tu entrabas a casa ella sonreía porque te veía como el nexo de unión de esta familia y ahora resulta que es todo mentira, ella sonríe porque te ve y ve reflejado en ti aquel amor que nunca fue, ve en ti la cara de quien ama, te quiere por ser fruto de su pasión. Jamás pensé que su tristeza y frustración fuera tal, fuera a causa de otro hombre, jamás creí que no me quisiera, que bien se le dio fingir.

Hundido en ese frío desván, sin aliento, el aire que entraba en sus pulmones pesaba más que cualquier recuerdo pasado, fingido. Quería llorar, pero las lágrimas no terminaban de brotar, quería salir corriendo a buscar explicaciones, pero su cuerpo petrificado no le permitía avanzar hacia ningún lugar, quería matar a ese tal Stefan, pero su bondad y su dolor ni siquiera le culpaba a él. Cabizbajo e intentando ordenar sus pensamientos, intentando digerir aquella trágica información, se debatía entre romper con todo, con esos años de matrimonio, romper con ese niño que crió sin saber que no era suyo al que tanto amaba, al que tantas cosas enseño desde que llegó a su vida.

—¡Papá!, ¡papá!, ven a jugar. — Gritaba una vocecilla lejana y tiernas que se oía desde el piso de abajo.

En ese momento supo qué hacer, supo que padre era quien está. Cerró los ojos, apretó los puños e hizo de tripas corazón, tragó saliva antes de soltar un “¡Ya voy hijo mío!, enseguida bajo.

 

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