Carretera y manta – @reinaamora

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«Ser uno mismo en un mundo que constantemente trata de que no lo seas, es el mayor de los logros»

 

Toda mi vida ha trascurrido navegando entre los principios dictados o autoimpuestos. No me quejo. Eso me ayudó a ser consciente sucediendo los instantes que debían moldear mi carácter. Me ha costado, mucho, llegar a ser la figura que deambula por este mundo. No me disgusta, para nada, no saber bajo qué cielo despertaré mañana.

Los caminos hace tiempo que dejaron de ser tortuosos y nunca me ha faltado un camión que me recoja en autostop.

—Voy hacia el norte.
—Yo también, gracias.

Mi típica respuesta. Norte, sur. Mi hogar no conoce de puntos cardinales. Todo recae sobre la última justicia que rige universos alternos o distantes. ¿Por qué no iba a estar presente bajo mis pies?

El azar.

Tahúr de nacionalidades e idiomas. Tantos conceptos, tantas lenguas que flotan en el mundo, tantas realidades que dibujan. Quiero verlas todas, quiero traducir todos los sentimientos de la gente con las seis cuerdas de mi guitarra.

Cualquiera me definiría como alguien sin sentido, como un cúmulo de estupideces, un gilipollas. ¿Todo por qué? ¿Por renunciar a ser esclavo? De ahí es de donde vengo, de un lugar donde sólo importa tener y tener. Donde sólo te definen por tus posesiones. Dinero, muebles, coches, casas,… materialismo. Nunca lo he entendido. ¿Qué sentido tiene poseer y querer poseer cada vez más? ¿Tanto se necesita?

Un filósofo griego renunció a todo lo que tenía porque no lo necesitaba. Incluso tiró su viejo cuenco cuando fue consciente de que podía beber agua en un río juntando las manos. No he llegado a ese extremo aunque algunos me definan como un cínico. No hay problema. Esa palabra, en griego antiguo, significa “amante de los perros”. Ese recuerdo peludo de cuatro patas valía más que cualquier cosa que he visto sobre la faz de la tierra.

El sonido de mi púa al rasgar (tensa las cuerdas) me paga sobradamente. ¿A qué he renunciado? A ser un imbécil. No tengo ninguna duda de que los esclavos son ellos. Mientas quede una ciudad, un lugar en el que hablen otra lengua, tendré una plaza por llenar con mis notas. Es lo único que pido al cerrar los ojos cada noche: un nuevo día, sólo un día más. Nunca he sido más rico que cuando acepté la humildad como el único concepto de mis venas.

Y no necesito más que unas nuevas 24 horas. ¿Quién es más rico?

Son tantas ciudades, tantos recuerdos. Tantos momentos que me ha regalado la vida que se me caen de la memoria. Tampoco faltan aquellos que he robado yo. Tantas calles, tantas canciones, tantos nombres que se me han cruzado.

Fui consciente de que tenía que irme, un hombre tiene que hacer su camino en una carretera en la que estaba predestinado a estar. Sólo fui a dar una vuelta por el mundo y ya han pasado varios otoños. Esos octubres siempre me dibujaron la misma sonrisa en la cara ya que, hasta las canciones sonaban diferentes. Por alguna razón, la gente que se paraba a escucharme, lo sabía. Lo notaban.

Cuando las canciones se tiñeron de octubre fui consciente de que debía desandar el camino. Las letras llegaban a más fondos, más lejos. Cuando salí, sabía que no había nada lo bastante duro. Ese convencimiento me acompañó todo este tiempo. Y de nuevo la humildad me demostró que tantos kilómetros tras mis pasos me habían hecho fuerte sólo para asumir que no siempre se puede serlo.

Reí. Reí durante mucho tiempo. Reí mientras tocaba en las calles, reí mientras improvisaba con viejos saxos de jazz. Y aún reía cuando volvía hacia la casa que había dejado atrás hace tanto tiempo.

Todos los momentos que compartí con mi guitarra volvieron conmigo. Disfrutaba de los momentos en silencio mientras viejas canciones llegaban contra reembolso. Y siempre tenía una sonrisa para pagar. Levantando la vista a un cielo justo para cerrar los ojos bajo lluvias, estrellas, viento. Ese silencio me traía las lecciones aprendidas tras unos cristales de colores difusos.

Sólo me fui porque era yo quien partía, sin saber quién era. Y sólo he podido serlo cuando he decidido volver con todo lo que llevo conmigo.

Entre unas paredes vacías voy a dejar las canciones que me han guiado, brillando sobre mí. Sólo me llevé mi sonrisa y el espejo me dice que es más amplia.

—Volver, es sólo el principio.
Carretera y manta, pienso mientra una canción que precede al invierno empieza a sonar susurrante, en mi mente, y la voy llenando con recuerdos.

 

[ Cinderella – Coming Home ]

 

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