Caos – @_ej_es

Erica Jade @_ej_es, krakens y sirenas, Perspectivas

Han pasado unas dos horas. Hay calma tensa en el ambiente; miradas perdidas, charlas cortas y en tono bajo, comprobación de noticias allí fuera de este micromundo… En esta zona sí se permite usar los móviles. Sólo he hecho una llamada, a mi madre. Que ella corra la voz.

Se reparten botellas de agua para mitigar toses y el susto que traen los cuerpos que vienen de la zona afectada. Es un goteo constante.

Apenas consigo levantar la mirada del suelo y me he sentado un poco apartada. Me molestan las charlas, no tengo nada que decir. No sé qué decir. La mezcla de culpabilidad por haber tenido suerte, tristeza y shock me provocan confusión. Al poco llega una ambulancia. Por si acaso. En esta zona no hay heridos graves pero podría haber ataques de ansiedad, mareos por el humo tragado…

De repente, un revuelo. Parece que se confirma, ha sido un accidente de uno de los aviones, no una explosión de combustible en el hangar. Las imágenes vuelven, en bucle, una y otra vez a mi mente y se mezclan con la sensación de opresión en el pecho. No sé si esto son ganas de llorar pero siento un grito ahogado colapsando mi garganta. ¿Y si hubiera caído en mi edificio?… Ya no estaría aquí, todo habría acabado; todo daría igual: lo que he dejado sin decir, lo que no he hecho porque no tenía mucho tiempo, lo que no era el momento, todo eso que pensaba que aún no estaba preparada para hacer…

 

Todo ha comenzado para mí con gritos en francés en el edificio dando la voz de alarma; carreras de botas con diferente nacionalidad por los pasillos; caras preñadas de angustia en la puerta principal. Pero, ¿qué ha pasado? El nerviosismo cortaba el aire y era casi lo único que se escuchaba. Se llama a los servicios de urgencias pero las ambulancias tardarán un poco, no estamos en la ciudad.

Nos hemos ido agolpando algunos en la puerta, sin saber muy bien qué hacer. Se ve una bola de fuego rodeada de humo, negro y denso, justo detrás del hangar. Joder, joder, joder… Ganas de hacer algo, de ser útil, y ves que no puedes hacer nada.

¿Una explosión? No he notado temblor alguno en la oficina. ¿Hay peligro aún? Creo que a nadie se nos pasa eso por la cabeza todavía.

Siempre me ha hipnotizado el fuego, puedo mirarlo sin cansarme, pero éste que veo ahora es imponente y se me ha hecho un nudo al mirarlo. Donde se ve ese fuego hay, a esa hora, decenas de personas a pie de pista; unos cuantos de los aviones, a tope de combustible, listos para la maniobra de despegue; algún combustible almacenado en la zona del hangar; otras decenas de personas en el edificio del hangar: alguna oficina, cafetería, salas de los ingenieros, mecánicos en el propio hangar… ¿A cuántos les habrá afectado?

El nudo me ahoga.

De entre el humo gris y espeso que hay en toda la zona baja aparece un zombie, o eso parece. Nunca me han gustado las series de zombies, pero la realidad siempre supera la ficción y el chico viene cubierto de cabeza a los pies, de un gris ceniza oscuro que no deja ver dónde tiene heridas. Pantalón desgarrado, brazos abiertos (creo que quemados), y ni siquiera se distingue si trae los ojos abiertos. Camina despacio, desorientado.

No puedo mirar más. Soy cobarde, no atino a moverme, sólo observo a los pocos que han tomado las riendas de la situación. La evacuación es rápida, estamos a poco más de doscientos metros de la explosión y se siguen las medidas de seguridad. Pero la verdad, no sé qué es peor porque desde el nuevo punto, aunque algo más alejados, se ve la bola de fuego justo enfrente y ahora es mi nudo el que se ha hecho bola y sigue creciendo, se expande por mi cuerpo, ocupando ya garganta, esófago, estómago y baja por mis tripas.

Se escucha una explosión.

Respingos. Miradas que se vuelven, incrédulas y cargadas de temor. Nos organizan por grupos a los que nos han evacuado. Se escucha otra explosión. Y luego otra…

¿Qué cóño está pasando? Una curiosidad malsana, y supongo que humana, me hacía mirar invariablemente allí donde el fuego se empeñaba en crecer. Impotencia. Susto.

¿Estaría Mike muerto ya en ese momento? Espero que sí, que fuera instantáneo y no se enterara. Que no sufriera. Porque morir, todos hemos de morir, pero sufrir… En ese momento yo ni siquiera sabía que no lo localizaban, nos habían mandado hacia la cafetería para alejarnos más de la zona afectada. Supimos que faltaba unas horas más tarde, haciendo recuento, cuando ya las ambulancias se habían llevado a los que pudieron; cuando la mudez de su teléfono móvil hizo saltar las alarmas.

La semana siguiente apenas la recuerdo. Fue toda tristeza, angustia y confusión. Fui incapaz de mantener contacto con nadie fuera del trabajo, excepto con mi madre, y lo hacía lo justo, para tranquilizarla con el sonido de mi voz. El llanto, inesperado, me sorprendía a cualquier hora del día. Semana de investigaciones, silencios, prisas, y sobre todo, recuperación de todos los que se han marchado para siempre. Murieron once (pocos para la magnitud de lo que pasó) y muchos otros quedaron heridos de gravedad.

Y ahora, que ya ha pasado un año, sigo preguntándome para qué sirven la mayoría de las preocupaciones. Si mañana muero, muchos sentirían pena, shock inicial, pero no me engaño, pasado un tiempo todo volvería a su normalidad excepto para los muy cercanos. Al cabo de un par de años, sólo unos cuantos seguirían recordándome a menudo. Es así; la vida sigue, y así ha de ser. Lo único que cuenta o queda son los sentimientos, lo que hiciste sentir. Quien no es cercano no te recordará; lo piense de ti el mundo ahora o el juicio que hagan, ¿cambiará algo? Nada.

Ya no recuerdo el sonido de su voz, pero tengo grabada en mi memoria la sonrisa con que Mike me dio los buenos días aquella mañana. Fue la última vez que lo vi.

Visita el perfil de @EricaJade_esc