Caníbal – @anapsicopoet

ANA CASADO @anapsicopoet, krakens y sirenas, Perspectivas

«El sabor de la carne humana es
muy similar a la del cerdo,
pero un poco más ácida y fuerte»

Armin Meiwes
(En el fondo somos unos cerdos)

Con todo esto de la explotación animal a veces me planteo “¿no sería mejor que en lugar de comer carne animal, nos comiésemos a nosotros mismos?”, tras fallecer, por supuesto, no quiero morir para ser el menú de alguien, pero una vez muerta, no me importa que me comáis. Me gustaría ser fileteada en corte fino y expuesta en los expositores cárnicos de los mejores supermercados. Los envases de carne humana deberían venir etiquetados con información de la persona que te vas a llevar al estómago:

ANA CASADO: Escritora a tiempo parcial.

Buenos sentimientos. Sin descendencia.

Ahora también deberían informarnos de cosas como estas: “Ternera joven, criada bajo estrés, sometida a 24 horas de luz artificial, sin espacio e inflada a antibióticos desde su nacimiento”. Solo como propuesta, que presumimos de vivir en la era de la información, pero se nos escapan estos pequeños detalles.

A lo que vamos, nos espanta el canibalismo, pero luego vamos al Museo del Prado y admiramos las obras de Goya y Rubens en las que Saturno (Cronos para los griegos) devora a uno de sus hijos; no estáis tan lejos de ser unos sádicos. Si mañana se pusiese de moda comer carne humana, iríais al supermercado, la compraríais y comeríais carne humana. Los más privilegiados, como siempre, no elegirían una carne cualquiera, buscarían carne de artistas reconocidos, deportistas de élite…

– Por favor, póngame unos pinchitos morunos de Cristiano Ronaldo.

– Está a millón de euros el kilo, señora.

– Lo que sea, acabo de cobrar la extra.

Los adeptos a la Iglesia de la Cienciología ya nos llevan ventaja; se comen la placenta humana cocinada.

Todo esto parece escatológico y lejano, pero ¿acaso no hacemos cosas peores? ¿acaso no somos ya caníbales de nosotros mismos? Hay muchas formas de comerse, y aunque denotativamente no hemos llegado a ese extremo, connotativamente ejercemos cierto tipo de canibalismo, y es que no hay nada más caníbal que un pensamiento, y lo de rumiar problemas y comernos nuestro ser, a los humanos se nos da muy, pero que muy bien.

 

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