Canciones que no se van – @chuzodepunta

David Araujo @chuzodepunta, krakens y sirenas, Perspectivas

Querida mujer, dos puntos.

Ahora que se atropellan las semanas, fugaces, como estrellas de Bagdad, puedo escribir y no disimular: es la ventaja de irse haciendo viejo. Siento que es un soplo la vida, que veinte años no es nada y que ya no puedo, como ayer, querer sin presentir. Tú juegas a olvidarme, yo juego a que te creas que no me importa, pero lo cierto es que me sobra el aire si tú no estás aquí, con la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta. No voy a llorar y decir que no merezco esto. De día viviré pensando en tu sonrisa, pero tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenan mi soñar, aunque solo sean sueños rotos, que he cosido con el hilo de tus ojos, criaturas, como los tangos, abandonadas, que cruzan sobre el barro del callejón, creando océanos donde solo había charcos, atravesando el viento sin documentos, y, como una ola de fuerza desmedida, llenando de nieve, huracán y abismos el sitio de mi recreo.

Yo no puedo aconsejarte, ya es muy duro lo que llevo. Yo no sé cuánto me quieres o si podrás sentirte dichosa sabiendo que me has querido. Lo mismo te quiero yo. Pasarán más de mil años, muchos más, y todavía me acordaré de tu risa, de tu prisa por darme un beso y de qué botón de tu camisa desabrochabas primero, sabiendo que es ya imposible que mis ojos se despierten con la luz de tu mirada. Cuando vea el garabato de un niño, pensaré en tu cuerpo de mujer, y aunque el siete de septiembre no podré besarte ni en la cara ni en los labios, cada nueve de noviembre, como siempre sin tarjeta, te enviaré poemas de mi puño y letra.

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio, como lo nuestro, que más que historia, tiene un poema. El problema no es tu ausencia; el problema es que te espero, y no sé cómo decirle lo siento a este cuerpo que quiere amar. Pero habrá que quitarse los miedos, sacarlos afuera y pintarse la cara color esperanza, sabiendo que nunca el tiempo es perdido, solo un recodo más de nuestra ilusión, porque aquí hay que bailarlo todo sin perder jamás el paso; no dejemos de bailar, aunque digan que de lejos -yo en el bucle de tu olvido, tú en el redil de mis instintos- no es bailar, aunque seamos conscientes de que no volveré a quererte de nuevo a escondidas. Por eso te pregunto (y si, al contestarme tú, las palabras se atraen, que se unan entre ellas y a brillar que son dos sílabas), al final de esta enésima biografía de un fracaso, pensando en tus ojos grises en vez de aceituna, si bailaste Carolina, como si fuera esta noche la última vez, hasta las luces de la aurora, junto a tus sandalias planas, porque yo no puedo dejar de pensarte ni en canciones. Canciones que no se van.

 

Visita el perfil de @chuzodepunta