Busco piso – @Eva_Zeta

Eva Zamora @Eva_Zeta, krakens y sirenas, Perspectivas

Vai tenía una vida plena a vista de todos. Tenía una carrera y un master, un trabajo «de lo suyo», un novio tímido aunque amable y una casa de tres plantas que no tenía ni que pagar y que contaba con toda una planta y un patio disponibles donde hacían fiestas multitudinarias. Pero seguramente fuera una de esas personas tristes e inconformistas que siempre quieren más, esas para las que tenerlo todo, hasta lo que no se propusieron, nunca era suficiente. Tenía los ojos tristes y a menudo caminaba cabizbaja.

Vai no podía tener motivos para tanta insatisfacción. Y algunas de las personas de las que se rodeaba, las más atrevidas y descorazonadas, llegaron a decírselo. Nunca nada es para tanto para quien no ve de puertas para adentro. Y le recordaban lo que tenían, porque no veían la trampa, ni la cárcel en la que se había convertido su vida, ni sus carencias.

Nadie vio que el master fue una imposición que no le enseñó nada nuevo. Nadie sabía que su contrato no contaba todas las horas que empleaba en el curro ni las que pasaba en carretera para llegar al mismo. Nadie vio al novio tímido lo atrevido y arrogante que llegaba a ser en la intimidad y cómo fue añadiendo complejos en la, ya de por sí, complicada cabeza de Vai. Nadie vio cómo le cerraban puertas y ventanas para recordarle continuamente que la casa en la que vivía era prestada. Nadie vio cómo desaparecieron los amigos cuando ya no había sótano en el que celebrar nada.

Pero un día Vai se imaginó que rompía todo a martillazos. Ser capaz de pensar eso le dio miedo y a la vez fuerza. Llegaron personas mágicas que aparecían de la nada, de las que no hacen preguntas, que decían «siempre se puede empezar de cero». Nadie le dijo que fuera fácil, pero un día reunió el valor suficiente para arrancar la piedra más grande de su fortaleza y vio toda su vida desmoronarse ante sí. Sabía que podía volver a construirse una mejor, que reusaría algunas de las piedras que ya estaban en el suelo y que incorporaría algunas nuevas. Iba a ser duro, muy duro, pero por fin sentía que fluía.

Un día sorprendieron a Vai con la cabeza alta y la mirada más clara. Los que no entendieron su infelicidad creyeron que había empezado a darse cuenta de que lo tenía todo. La realidad era que había derribado sus problemas para darse otra oportunidad a sí misma. Que había sido capaz de esquivar la estafa que era ese «todo» y que sonreía porque desde la nada se ven más claras las necesidades perentorias para ocuparse primero de ellas y hacer mérito suyo cada logro, por pequeño que fuera. Y así fue como pudo de nuevo llenarse los pulmones plenamente al respirar y pudo levantar la cabeza para buscar un nuevo destino. Porque levantando la vista es la única postura con la que se ven los carteles de los pisos que se alquilan para amueblar tu vida y tu cabeza a tu antojo.

 

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