Buscando la salida en la habitación sin puertas – @PoetaImpostor

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Escribir. Hace tanto que no lo hago. Sólo me engaño con algunos garabatos, con paráfrasis baratas de grandes escritores que no me ayudan a solucionar nada. Aumentan vacíos. Aumentan realidades. Y en esas líneas me doy cuenta lo triste que terminó todo. El tú y yo. Los planes. Las noches con nosotros dos metidos en la cama mientras te leía mis poemas, y ese para mí era el escenario más fantástico del mundo, porque claro, era para ti. Las citas y las flores que nunca llegarán. Lo que no me atreveré a escribirte. Lo que nunca más sucederá.

No soy el mismo que el de hace apenas unos… ¿meses? Los días sin ti han resultado tranquilos. Vivo minuto a minuto. Segundo a segundo. Tomo las calles menos frecuentadas para no cruzarme con desconocidos que seguro opinan lo mismo: “qué triste luce”. Tomo el carril izquierdo en una ciudad de veinte millones de habitantes a no más de 40 km/hr, y no me precipito a llegar. Sé que eventualmente lo haré. Sé que todo llega. Todo se cumple. Todo termina.

Al final tú no regresas.
¿Crees que no lo sé?

Aprendo despacio. No me importa hacerlo rápido: sé que aun cuando conozca mucho sobre un tema, a la mera hora todos improvisamos y nos volvemos primitivos cuando se trata de algo que nos importa. Sé que si un día te da por volver me temblarán los recuerdos y olvidaré todo lo que he aprendido, todo lo que me repito por las noches, sé que se me irá todo el rencor por lo que dejamos de hacer y te invitaré un café para que me hables de ti. Para ver una vez más tus bonitos ojos cafés. Para reírme de tus uñas mal pintadas, y ver si ambos coincidimos en la lista de canciones y descubrimientos recientes como buenos amantes de la música que siempre hemos sido. Y entonces se irá al caño todo lo que he aprendido este tiempo sin ti.

Un paso a la vez. Mi mantra favorito. Mi pan de cada día. Mi ritual para no sentirme desamparado. Un paso a la vez y evitar todo lo que me provoca comerme las uñas. Todo lo que me pueda llevar a ti. Todo lo que me pueda generar un sentimiento.

Es cruel. Es injusto.

Sé que desde cualquier punto de vista esto no es vida y está perfecto. Todo lo que necesito es hacer de cuenta que nunca pasó nada y nunca me importó nadie. De ese modo espero cumplir mi expectativa de vida adecuadamente. Todo estará bien. Sólo necesito apegarme a esa idea. Sólo necesito convencerme que así serán las cosas —probablemente— hasta mis últimos días. Al final no soy mucho menos que un adicto a ti. Un adicto que busca desesperadamente rehabilitarse. Un adicto que ha vuelto a creer en la religión y en lo que no tiene respuesta lógica para sentir que un día todo estará bien. Al final estoy encerrado, buscando la salida en una habitación sin puertas.

 

Me he pasado demasiadas noches repitiéndomelo
y aún no me lo termino de creer. 

 

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