Buenos Aires, 1943 – @LaBernhardt

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En qué debiste pensar ese último día.

Te imagino recogiendo las cosas pero no sé con cuánto dolor. A veces te noto en casa y al coger una taza o al doblar una toalla no puedo evitar pensar qué fue lo que te hizo escoger la granate, en lugar de ésta, azul, que voy a usar para secarme. Siempre termino pensando que te llevaste lo que tenía futuro, o lo que no estuviera lleno de demasiado pasado.
Cada día, en ésta mi vida, camino tus pasos y duermo en tu sitio. No se ha cambiado el colchón de matrimonio, no. Y el edredón ni las mantitas del sofá. Queda, en la pared de la entrada, el hueco del tapiz de Tierra de Fuego que te llevaste y por dejar huella, hasta has hecho en la pared un rectángulo que dice, que me dice: estuve.
Eres una Rebeca perfecta en 80 metros cuadrados.
No me obsesiono con tu presencia, qué va. Es sólo la constatación de saber que no te has ido de este piso y que no te irás nunca.
Al principio me sentí intrusa, ya ves, porque era otra -era yo- quien ocupaba tu espacio.

Pero eso no era así porque tú decidiste irte, cambiar de vida, de amor y de plancha. Decidiste salir de su vida, así entonces yo no era una intrusa sino una mujer, la mujer que viviría en la casa donde tú no volverás.
Sinceramente, tardé mucho en deshacerme de las cosas materiales que dejaste porque no tenía tanta pasta como para ir a IKEA y renovar un piso y también porque tu espacio pesaba mucho, todavía, para borrarlo.
Empecé por los espacios que más miedo me causaban; los más íntimos y un lunes, tiré las toallas del baño pequeño, están hechas polvo, le dije a mi pareja.
En verano limpié los armarios del baño grande y tiré un gel estimulante para conseguir orgasmos. Estaba caducado, como el amor que debiste sentir por entonces.
En diciembre, cambié la vajilla desparejada que dejaste y cuando él se dio cuenta creo que sintió alivio. O quizás fuera nostalgia.
Imagina todos mis esfuerzos en borrarte, en cambiar el piso sin mover apenas nada de sitio.
En qué pensarás cuando pases por el portal del edificio, ¿recordarás cómo era tu llavero? Supongo que alguna vez, cuando bajes al trastero de tu nueva vida, recordarás el llavero que dejaste en este piso.
Yo lo tiré al contenedor del vidrio y no fue con ánimo destructivo, no; es que me quemaba en las manos y me pareció un buen lugar para reciclar un trozo de madera del Perú.
Han pasado cinco años desde que te fuiste de esta casa, cinco desde que llegué para luchar contra Rebeca, aunque tu nombre suene a flor, y de todo y tanto que he ido borrando y tirando, sólo hay un libro de historia, un ensayo acerca de la revolución bonaerense del 43, del que no puedo desprenderme; “Buenos Aires, 1.943” en él, descansa tu letra contando: los verdaderos cambios siempre nacieron del silencio.

En esto, querida ex mujer de mi pareja, estamos de acuerdo.

 

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