Brujas – @Patryms

Patryms @Patryms, krakens y sirenas, Perspectivas

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

(Ángel González)

– ¿Estas despierta?
– Sí.
– ¿Qué hora es?
– Madrugada o casi alba. No lo sé.
– ¿Qué piensas?
– Nada.
– ¿Eso es que tenías la mente en blanco o que no me vas a decir lo que te ronda la cabeza?
– Eso es que he abierto los ojos y no los volví a cerrar aunque no me moviera del sitio.
– No lo creo. ¿Abriste los ojos suspendida en el tiempo y en el espacio?
– No
– Está bien, te seguiré el juego. Quizá para aprender a hablar hay que escuchar más y practicar menos.
– No empieces, por favor.
– Es fácil adivinar porque no puedes descansar. Te tumbas con la cabeza demasiado llena y con más de 21 gramos en el pecho. Con tanto pijama es inútil intentar dormir a pierna suelta sin que se te enrede en la sábana o se pierda de una esquina a otra de la cama. Tienes a la almohada enfadada por acabar chorreando unas veces, mareada otras y tirada las que restan. Y como no te gusta la franela, dejas subir a los que habitan debajo para que calienten el algodón siendo tú la que viene con los pies helados. Claro; para dormir sola tendrías que apartar los errores, los monstruos, las cuerdas, los enredos, los recuerdos, las ansias y vaciar el vaso… Todo eso sin que se salga el punto de ajuste.
– Y a ti…
– Bueno, a mí hace mucho que no me traes contigo a la cama. Me canso de esperarte o llego cuando estás dormida, y siempre me toca el lado que está frio. Podrías admitir que estás harta de todo, que odias todo lo de ayer y que no te interesa nada de mañana. A nadie le gusta guardar secretos y tú le has puesto un fondo doble al cajón para esconder el peso de tus decisiones. Y a todo eso que ya no deberías recordar, le has puesto un manto negro para aparentar un hueco vacío.
– ¿Así vas a calentar la cama?
– Tú piensas en voz baja y yo en voz alta.
– No hay ni dobles ni sin fondos. He sacado la vista gorda, los titubeos, la voz del hombro derecho, lo de la punta de la lengua, al hipogrifo y la dieta baja en perdices del cajón… para hacerme sitio. Y si, están todos a la vista, pero colocados.
– Colocados entre el sujetador y el ombligo.
– Estás buscando en todas las leyendas y los cuentos que recuerdas a la bruja y a la madrasta. Hemos derrochado el tiempo y ahora nos queda lo evidente. Quieres que odie la razón, el tiempo y busque otro culpable para no mirarte la punta de los pies. Éramos el centro de la sizigia y nos manchamos los zapatos.
– No tengo muy claro que cuente como pasar página guardar el libro sin señalar la hoja, si te sabes de memoria el número de página.
– Sobrevivimos y vivimos, ¿no? Fíjate que ya es otro día.
– No nos quedamos en ningún sitio y no tengo claro a dónde vamos, tampoco. Amanece y hablas sola… Y ¿ya está? ¿Sólo es cuestión de respirar? ¿No tenemos un plan?
– Hoy sí. Al menos – dijo mientras desaparecía su reflejo en el cristal a la par que subía la persiana– hasta que tengamos un gato.

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