Brujas – @LaBernhardt

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-Mira a esas tres, ¿qué se habrán creído? No tienen ni 10 años y no hay quien se acerque a la fuente a beber, mamá. Me han mirado mal, se han reído de mí; esa, la rubia tontísima, me ha dicho gorda. Me gustaría ser una bruja, en serio. Una bruja de las malas. De las que asustan que te cagas por las noches. O de las que tienen poderes y enamoran a los tíos buenos.
-Las brujas de verdad no asustan porque tienen miedo; miedo de los monstruos que viven en las cajas de recuerdos, o de los que se esconden en los cuentos que escribieron cuando estaban borrachas de amor.
Las brujas, las de verdad, no pueden hacer daño porque ya se lo han gastado todo en ellas mismas.
Yo lo sé porque he conocido a unas cuantas- le dije a mi hija el otro día.
-¿Y tienen escoba voladora? ¿la lengua azul?, me preguntó, divertida.
-Sí, claro, como los Chow Chow…que no, y no me interrumpas, oye, que lo que te cuento es algo serio y te lo estás tomando a broma. Déjame seguir, anda. Mira, son normales y corrientes. Ni guapas ni feas, son gente del montón. O eso es lo que ellas pretenden: ser una más y no destacar. Hay quien sí lo consigue, y con el tiempo se vuelve casi aire. A otras, se les transparenta la piel y sólo brillan cuando hay luna. Y no, tampoco necesitan que sea plenilunio.
-Mamá, ¿pleniqué?
-Oye, en serio: ¿a ti qué te enseñan en el instituto???, Luna llena, joder, y no me vuelvas a interrumpir que menudo desastre de cuento me está saliendo. Bueno, pues eso, que nada de lunas llenas ni de escobas ni de sapos ni culebras: nada de nada, que hay que ver cuánto daño ha hecho la literatura gótica a la realidad, madre mía.
Las brujas de verdad están marcadas y no porque lleven el 666 en el culo, no. Cuando te digo que llevan una marca es que están malditas, niña: algo en ellas las empuja a la infelicidad: por mucho que se escondan del desastre, éste siempre las encuentra.
-El desastre…son los que quieren mal, ¿no?
-Sí, básicamente, sí. Las brujas siempre se enamoran de quienes no las quieren bien; sean hombres o mujeres, eso es irrelevante. Lo triste es que nunca aciertan, y en ese error es cuando se transforman en verdaderos monstruos.
Saben que están vivas porque, cada primero de mes, el banco les pasa la hipoteca; ellas pagan y nadie se queja.
Están vivas porque Iberdrola vive pendiente de ellas, qué atenta la multinacional sin corazón.
Y están vivas porque se enamoran del malo del cuento, cada poco o cada mucho, que lo de las distancias temporales nunca lo controlan.
Hubo un tiempo, sin embargo, en el que fueron distintas. Besaban y reían y dormían hasta las mil y joder, qué pena, escribían cuentos bellísimos a quienes menos se los merecía.
Eran cuentos felices, de esos que todos querríamos leer en la pantalla de nuestro móvil, al llegar a casa, después de que el mundo nos haya matado siete veces en el metro y otras siete más en la oficina. Quieres hemos tenido la suerte de conocer a alguna sabemos que las brujas también saben ser felices.
Y que aman sin red: saben que se van a caer, que del cielo a la tierra hay una distancia mortal, saben que esos cuentos les roban el alma y sin alma, se esfuma el equilibrio. Saben que en cada intento, pierden un poco más de su brillo. Lo saben y siguen.
Siguen, cada vez más flacas; las migajas, niña, no nutren; sólo mantienen la esperanza a dieta.
Entonces es cuando se les apaga la mirada. Se vuelven esquivas y desconfiadas y el resto del mundo las empieza a evitar. Las brujas son regalos bien embalados, difíciles de abrir, complicados de entender pero tan increíbles… Suele pasar que las cambian por juguetes más sencillos, mujeres sin «complicaciones», tan bonitas y tan dóciles. Tan normales y tan egoístas. Tan de «casémonos y te cambiaré, Cari».
Las brujas, tan libres y tan honestas. Tan de dar sin pedir. Tan de abrir las puertas y las ventanas para que el amor no huela a cerrado…acaban dejándose morir de indignidad, en muchos casos. Casi siempre, solas. O peor: acompañadas por hombres y mujeres que las adoran, que las cuidan y que las remiendan.
Y ellas, qué brujas, cada noche se descosen los jirones mal juntados y sonríen cuando, al día siguiente, quienes sí las quieren, preguntan desesperados:»¿por qué te has vuelto a descoser?»
-«Porque no puedo querer», eso dicen, ¿verdad, mamá?
-Eso dicen, mi vida.
-Y tú, ¿tú eres una de ellas?
-No, qué va, yo soy sólo una cuentacuentos. Anda, vamos a casa, linda, que hoy es viernes y una pizza nos espera…mmmmmm, paraísoooooooooo
-Calla,mamá, en serio, que ya nos están mirando esas tres.

Salimos del parque, sonriendo, cogidas de la mano. Al pasar al lado de esas niñas no puedo evitarlo y me acerco a la rubita estupenda que ha sido tan grosera con mi hija:
-«Querida, los Reyes son los padres y tu príncipe azul acabará gordo y calvo».

-Mamá, eres una bruja-, ríe mi niña.
Ha empezado a llover pero el mundo, hoy y ahora, brilla.

 

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