Brilla por su presencia – @igriega_eme

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Eran las tres de la mañana y aunque dormía, alcanzaba a escuchar la música de dos metales al chocar, como si las hadas del sueño le indicaran que había llegado la hora de volver de la irrealidad al mundo terrenal.

Corría el último trimestre del año y el penúltimo mes amenazaba con llegar súbitamente a su fin.

Estaba por cumplirse un año de su partida, parecía una eternidad y a la vez lo sentía como si hubiese sido un día atrás. Al cabo de unos meses, había caído en cuenta de que no le pensaba como había pensado que lo haría, de que no le recordaba a cada minuto como pensaba que le recordaría, de que no contemplaba sus fotos todo el día como pensó que las miraría y es que su mente, había encontrado un atajo perfecto para no extrañar ese largo camino que habían recorrido, de tantas lunas y soles, de nubes y lluvia, de música y poemas escritos con la incondicionalidad y una lealtad tan poco mundana como común y con mucho de celestial.

Con excepción del primer mes, había transitado gran parte del año con bastante tranquilidad, sin embargo, le bastaba con mirar dos segundos cualquiera de sus fotos, para que una a una, comenzaran a rodar infinidad de lágrimas dando lugar a enormes charcos, que sin problema se podían haber confundido con el mar.

Sus caminos se habían cruzado y no por casualidad, una helada mañana de marzo del 2007, a la salida del reclusorio enclavado en una sórdida zona oriente de la ciudad. Al principio, él parecía nada interesado en interactuar, pero había sido la insistencia de ella, la que con trucos y palabras melosas, había conseguido hilvanar un lazo invisible entre ellos el cual los uniría por casi dos mil ochocientos ochenta días y hasta más. Sí, seguro unidos para siempre jamás.

Apenas estaba tomando conciencia del ruidito de metales, cuando los escuchó intensificarse sobre su cabeza, al tiempo que sentía un golpe sobre el pecho y unos ojos redondos le miraban desde la penumbra y ahora sobre su cama.

Era la nueva integrante de la familia, que había llegado justo tres meses antes de que Juancho, un hermoso Golden Retreiver rescatado del abandono -y su eterno mejor amigo de cuatro patas- partiera aquella madrugada del primero de enero.

Miranda estaba ahí, en todo momento recordándole a cada segundo con sus juegos, su cariño y los pelos que dejaba en su ropa y por todo el salón, que Juancho brilla por su presencia aún en la que parece ausencia y siempre por siempre brillará.

In Memoriam.