Breve historia de mí – @Moab__

Moab @Moab__, krakens y sirenas, Perspectivas

Pero qué inmensa falta de educación la mía. Os he contado cómo conocí a Yuri e Irina, a Martina y hasta a mi querido Extraño, pero nunca os he contado cómo me conocí a mí.
Quizás lo mejor sea empezar por presentarme. Mi nombre es [insertad aquí el que más os apetezca] y tuve conciencia de mí misma un octubre cualquiera hará cosa de tres años.
Fue en una fiesta, algo temático donde todos iban disfrazados de piratas, corsarios y bucaneros, en distintos grados de embriaguez. “Que corra el ron” pensé y me senté con mi copa y mis ideas en una mesa algo apartada, cavilando en cómo unirme a la diversión sin sentirme demasiado fuera de lugar.
Observaba a la gente con cierta curiosidad. Jamás había estado en una reunión de ese tipo y era todo tan nuevo que no pude evitar saturarme un poco. Di un trago a la bebida, arrugué la nariz y respiré hondo. Las primeras en llamarme la atención fueron las “divas”. Siempre rodeadas de la admiración y el aplauso donde se movían como un delfín entre las olas. Su soltura me daba algo de envidia. Nunca me he sentido cómoda en las multitudes y mucho menos entre cumplidos y piropos. Los “poetas” también fueron fáciles de distinguir, apoyados en la barra bebiendo con gesto interesante, pelo despeinado, rictus perturbado y mil demonios en la mirada. Me costó más identificar a las “drama queen” porque cuando quieren se camuflan bien y no siempre es fácil ver la lágrima furtiva que se derrama incesante desde el corazón, perpetuamente roto, hasta su mejilla. Los y las líderes, los machos alfa y beta, los que pasan de todo y se divierten consigo mismos, siempre a su bola sin seguir una sola norma… Era un crisol fascinante, pero, como siempre, no tenía muy claro dónde podía encajar. Me acabé la copa e iba a levantarme con destino desconocido cuando la vi, sentada en un rincón, algo alejada del resto en espacio material, pero a leguas de distancia en inmaterial. Tenía la mirada perdida en algún punto entre la barra del bar y tres o cuatro dimensiones paralelas mas allá. Jugueteaba con un bolígrafo, golpeando distraídamente con él el cuello de la cerveza a medio beber que tenía sobre la mesa, junto a una libreta abierta, y se me antojó que era un poquito como un iceberg. Había más de su persona bajo la mesa que por encima de ella. De pronto, pareció despertar del letargo. Aparté la mirada bruscamente porque temía que se hubiera dado cuenta de que la observaba con total descaro, pero, cuando volví a mirar, escribía furiosamente en el bloc ajena a todo lo que sucedía a su alrededor.
Confieso que la contemplé con una curiosidad profundísima que no había sentido desde que era niña, casi con obsesión. Era un enigma para mí. Intenté encajarla en los diferentes grupos que nos rodeaban. ¿Una “queen”? No, que va. Tampoco era una poeta, aunque podía distinguir poesía en su forma de mover sus manos sobre el papel. Ni una diva. Algo me decía que los halagos y el aplauso tampoco eran su territorio. “¿A dónde perteneces, niña?” pensé. Entonces levantó la mirada, agarró la cerveza y le dio un largo trago mientras sonreía observando la habitación atestada. La soltó y volvió a escribir a toda velocidad, mirando de vez en cuando hacia algún punto del local. Entonces lo entendí. No era ajena a nada. Nos estaba observando y escribía historias sobre lo que veía. Era una narradora, una voz en off de la vida haciéndonos brillar entre puntos y comas a los que estábamos en el local. Me vino la tonta idea a la cabeza de si toda esa escena no sería más que una invención de su imaginación, si todos nosotros estábamos allí realmente porque ella así lo había escrito.
La respuesta estaba clara. No pertenecía a ninguna parte y a todas a la vez.
Me moría de ganas de levantarme y sentarme junto a ella, pero no pude. Era tal el respeto y la admiración, que no fui capaz de moverme de donde estaba, pero no me avergüenza admitir que la estuve mirando fascinada hasta que empecé a sentir que el sueño me vencía y un poco más allá.
Esa noche nací. Quizás no literalmente (mis padres se enfadarían muchísimo si afirmara tal cosa), pero sí fue cuando tuve conciencia de esa parte de mí misma que todos conocéis.
Sí, señoras y señores, esa noche, en una fiesta de piratas, viendo escribir a la Narradora, nació sin ninguna duda mi personaje del escondite y la caja de la lavadora.
Esa noche, nació “La Observadora”.

 

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