BAW7052 Londres-HR – @Netbookk

Ricardo García @Netbookk, krakens y sirenas, Perspectivas

– ¿Recuerdas la fotografía robada a una pareja de enamorados en el bar de la terminal cinco, que te enseñé ayer? Aquel día me prometí que escribiría sobre lo que representó, para mí aquel café, aquel fugaz momento, para que no pudiera olvidarlo. Qué ironía… Puedo recordar perfectamente que él llevaba uniforme de piloto y tú, un vestido rojo ilusión plagado de sonrisas nuevas, con todos los sueños del mundo prendidos en el lazo que recogía tu pelo y esa luz especial en tu mirada, la que todavía brilla cuando sonríe tu alma.

Me resultó muy curioso que siendo yo la única persona en el aeropuerto que podía ver todo lo que pasaba cada instante, en cualquier lugar, a través de las cámaras de seguridad, no pudiera veros justo en ese momento. Estabas, creo que por casualidad, en el único punto ciego que mis lentes no podían registrar, por lo que tuve que salir del cuarto para haceros, disimuladamente, aquella fotografía… pero tú ya no lo recuerdas.

Desde el primer día que empecé a cubrir el servicio nocturno dentro de mi cabina, controlando las cámaras de seguridad, en la terminal internacional del aeropuerto, supe que mi tarea sería aburrida. Es cierto que ese trabajo me brindó la posibilidad de desaparecer, de escabullirme de todo y de todos, dentro de una labor rutinaria y gris. Pero ese era uno de mis objetivos, ya que me ofreció la posibilidad de cambiar por completo mi vida sin tener que contactar con ninguna otra persona durante mi jornada: tan sólo vea al compañero del turno anterior a las doce y al del siguiente a eso de las 8 de la mañana, todo el resto del tiempo estaba sólo dentro de la cabina de control. Toda la noche encerrado entre cuatro paredes, sólo con breves pausas para ir al baño y dar alguna que otra cabezada cuando cerraban las cafeterías y antes de que empezara el turno de limpieza. Un trabajo tranquilo, sin sobresaltos.

Hasta que, una mañana, apareciste tú…

Es muy aburrido estar vigilando tantas horas los monitores, así que una noche, empecé a fijarme objetivos. Vigilar a algunas personas que pasaban por las pantallas con mayor asiduidad que otras, seguir las rutinas de los empleados de la cafetería, de la chica del quiosco, los paseos de 80 pasos exactos que hacían la pareja de policía nacional… Y una madrugada de otoño, de pronto, empecé a fijarme en ti. Siempre con tu maleta azul a cuestas. Siempre con prisas, mirando el móvil constantemente… y siempre sola.

Tú también tenías tus rutinas. Procurabas escoger el mismo asiento para esperar el embarque del vuelo BAW7052 con destino a LONDRES-HR todos los lunes y jueves a eso de las 7 de la mañana. Alisabas tres veces la falda con tus manos, antes de cruzar despacio las piernas, ponerte el bolso en el regazo y sacar el móvil. Y desde ese momento, todo lo demás desaparecía de tu atención… Te quedabas hipnotizada, mirando la pantalla y ahí, en los gestos de tu cara al leer, pude seguir como en una telenovela, los episodios de tu aventura. Fuera, el otoño dejaba su rastro de aguaceros en los cristales de la terminal.

Al llegar el invierno, después de aquel primer café casual, apareció la sensación de extrañeza ilusionada. Caras de «¿pero esto qué es…?» Incredulidad al ver como alguien desconocido conseguía, con relativa facilidad, acceder dentro de tu castillo. No podías creer lo que te estaba sucediendo, pero a la vez esa dulce sensación de querer dejarse llevar en brazos de la ilusión, te hacía quedarte a veces con el móvil apretado contra tu pecho, hasta que las azafatas te despertaban con el anuncio del embarque inmediato. Podía ver, a través del zoom de mis objetivos, esperanza y brillo en tu mirada. Siempre imaginé que cuando yo no estaba detrás de las cámaras, una bonita historia de amor se había desarrollado en los fríos pasillos del aeropuerto. Cuando llegaba a mi pequeño apartamento, justo antes de acostarme, cuando todo el mundo empezaba a vivir, me recreaba soñando citas clandestinas. Imaginaba puertas que sólo se abren con ciertas tarjetas, siendo testigos de fugaces encuentros, besos y pasión que pasaban desapercibidos entre la multitud, pero que a ti te dieron la vida durante aquel invierno. Cada día estabas más guapa, y poco a poco, sin darme cuenta, me fui enamorando de ti.

La primavera vino acompañada de las primeras lágrimas, al escribir y no recibir respuesta… Supongo que, quien fuera, estaría ocupado y la decepción se pintaba, cada vez más a menudo en tu rostro. Fue en julio, cuando el brillo de las lágrimas asomo de repente a tu rostro, que empezaba a ponerse moreno por el sol. Ya no sé si por culpa de esa desatención o por miedo a admitir que nunca os podríais ver tan a menudo como tú quisieras, o porque el no quería comprometerse más. Y eso me ponía muy nervioso…

Hasta el día aquel… Habías quedado. De eso podía estar seguro por el recogido del pelo, el vestido de un rojo muy elegante y porque por primera vez, era martes y tú no llevabas equipaje. Yo casi había acabado el turno, era más pronto de lo normal, pero no quería dejar el cuarto porque te notaba  muy impaciente. Tus constantes miradas al móvil, a tu reloj, como comprobando que el tiempo pasaba que no te habías equivocado. Tu mirar de reojo las pantallas de las llegadas y tu decepción final cuando salieron todos los pasajeros del vuelo de Londres… Esa mañana, si hubiera sido valiente, debería haber dejado de mi garita para ir a invitarte a un café y quizá abrazarte, pero en ese momento llegó mi compañero y cuando quise darme cuenta ya habías desaparecido…

No volví a verte en mucho tiempo y supuse que jamás volvería a hacerlo. Me sumergí de nuevo en mi vida monótona y gris. De casa al trabajo y del trabajo a casa. Comprar en el súper, algún paseo por el parque, leer… Mi vida volvió a esa apacible y templada monotonía… hasta hoy.

-Por favor no te muevas – te he dicho cuando has vuelto a sentarte con un café en el punto ciego. Tú te has girado extrañada has mirado la identificación que te mostraba y, solo entonces, me has prestado atención – resulta que estás sentada en el único punto ciego que no podemos registrar por las cámaras de seguridad de la terminal y necesitamos recalibrar todo el sistema. Si eres tan amable, me quedaré contigo hasta que mis compañeros me avisen de que está todo listo y de que pueden vernos a los dos. Además sé que vas tomar el vuelo BAW7052 con destino a LONDRES-HR, así que tenemos tiempo. Y así fue… reuní el valor suficiente para hablar contigo y, desde entonces, cada lunes y jueves, te hacía compañía mientras esperabas tu vuelo… hasta que decidimos dejar de volar por separado y pudimos empezar a pilotar juntos nuestro propia vida.

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– ¿Es verdad mamá, así conociste a papá? ¿Qué bonito no…? – inclinando su cabecita, María nos interroga con la mirada, mientras yo sostengo la mano de su madre que sonríe por simpatía ante las muecas de la pequeña refugiada en su regazo. Aunque el Alzheimer ha empezado a avanzar muy deprisa, a veces la enfermedad nos regala unos breves momentos de tranquilidad. Es entonces cuando aprovecho para hablarles a las dos y vuelo a contarles siempre la misma historia, nuestra historia: la del vuelo BAW7052 con destino a LONDRES-HR, para poder volver a verla sonreír, aunque tan sólo sea por un instante.

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Siempre es un placer volar en tan buena compañía como la de  @soy_tumusa , a Londres o a donde ella quiera…

 

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