Bastante tengo con lo mío – @tearsinrain_

Tearsinrain @tearsinrain_, krakens y sirenas, Perspectivas

Ya tengo bastante con lo mío, pero se me ocurrió quedarme a dormir y abrazarla. No estaba previsto. El sexo sí, era una fantasía rondando tímidamente desde hacía algún tiempo, pero lo demás no. Lo que vino luego. Le había enviado un mensaje por alguna razón que no recuerdo y después de un par de intercambios rituales de socialización y flirteo, como las palomas hinchando el cuello o los pavos reales mostrando su plumaje, solté un par de comentarios entre románticos y eróticos que provocaron quedar para cenar aquella misma noche, cerca de su casa, en el centro. A ver, que a mí ella no me gustaba especialmente, su cuerpo me atraía y me caía bien y tal, pero ya está. Me dejé llevar por las señales que me envió durante las jornadas de preparar juntos el trabajo para la facultad, en grupo. Mira que soy malo interpretando señales, y considero que mi intuición es algo atrofiado o dormido o medio tonto porque solo recuerdo que apareciera acertadamente una vez y fue para algo malo; pero en esa ocasión lo vi claro y tiré por la vía rápida y resulta que era por esa por donde se cruzaban los trenes.

Ya tengo bastante con lo mío, pero se me ocurrió volver a llamarla al día siguiente. No estaba previsto. El sexo sí, porque desde que volvía a estar soltero me había dado cuenta que atreverse te lleva más lejos que quedarse dudando y estaba viviendo una época buena en ese sentido. A media cena, torpe yo, le cogí la mano y ella se ruborizó y se río y dijo algo que tenía que haberme puesto en alerta, parecido a: “lo que menos esperaba hoy es que tú y yo…”. Era mentira claro, como ya se veía por su vestido y por el mío aquella noche y porque ella había enviado esas señales y yo las había recibido, interpretado y actuado en consecuencia. Salimos del restaurante y al doblar la primera esquina ya me paró y nos besamos cómo si lleváramos mucho tiempo separados por un muro de cristal inventado. Fuimos a su casa y nos sentamos en el sofá. Ella vivía entonces en un piso pequeño, apto para solteros, de un cuarto, un baño, una cocina y un salón–comedor. Allí hablamos de algo totalmente intrascendente hasta que decidimos, o ella o yo, que mejor hablar con caricias y besos y con aquel vestido se marcaban perfectamente sus curvas y sus pechos y la falda corta invitaba a un montón de cosas y no soy de rechazar invitaciones. Ignorarlas por no leerlas, sí.

Ya tengo bastante con lo mío, pero se me ocurrió mirarla con detenimiento y hacerla sonreír. No estaba previsto. El sexo sí, que somos jóvenes y es triste y estúpido desaprovechar eso y no gastar las energías que ya no tendremos más adelante y la experiencia que vamos adquiriendo poco a poco. Del sofá nos levantamos y fuimos a la cama grande de aquella habitación pequeña, yo estaba algo nervioso, estos momentos siempre me han puesto nervioso, nos desnudamos el uno al otro y echamos un polvo de esos completos, con de todo o casi, en los que pude apreciar su cuerpo y escuchar sus gemidos desde diferentes ángulos y tuve que detener el movimiento porque no quería que todo fuera demasiado rápido y ella sin embargo se dejó llevar, en sus orgasmos gritaba mi nombre y eso debió de ponerme en alerta, como los comentarios durante la cena, pero no lo hizo. Si mi intuición está atrofiada o dormida o medio tonta, mi sentido del peligro está confundido o despistado o medio inconsciente y quizá pensé, porque no lo recuerdo, que eso era fruto de la pasión del momento, de mis dotes sexuales, esos que todo tío cree llevar dentro. En un momento de pausa entre orgasmos, dijo compadecer a los hombres por no poder tener varios orgasmos uno detrás de otro y compadecer más aún a las mujeres que no tenían orgasmos, que las hay, aseguró.

Ya tengo bastante con lo mío, pero se me ocurrió hacer lo posible para que se sintiera afortunada de estar conmigo y hacerme merecedor de lo que me daba. No estaba previsto. El sexo sí, visto que cuando uno empieza a aprender sobre eso tiene más ganas de seguir aprendiendo y de ir ensanchando fronteras. Fue un final cojonudo, sudando los dos, respirando con fuerza. Me levanté a tirar el condón y a beber agua fría, creo que era verano, pero es posible que no, lo deduzco por el recuerdo de su vestido. Yo a la mañana siguiente trabajaba y por eso me quedé a dormir, volviendo al principio. Antes de dormir nos quedamos fumando y charlando y yo tenía que haber intuido alguna cosa cuando me habló de que había imaginado cómo sería follar conmigo. Yo dije algo parecido a “¿en serio?”, como si no hubiera imaginado que me la follaba en aquella cocina pequeña, de pie y por detrás o encima de la mesa del comedor o en un rincón de la facultad. Mis sentimientos estaban algo distorsionados entonces por aquello de golpes anteriores y corazas y lagos de lágrimas y un sinfín de tópicos, de manera que todo lo que veía parecía anécdota del momento y le daba la importancia injusta. Qué sabía yo, ahí con mis cosas en la cabeza y mis problemas que no eran problemas de verdad, el momento pasaría y la pasión se marchitaría después de agotar la que nos quedaba en el bote. Pero la llame al día siguiente, volviendo al segundo punto.

Ya tengo bastante con lo mío, pero se me ocurrió volver y preparar la cena con algún detalle y volver a follar. El sexo sí, tantas veces como se pueda y de tantas formas como se pueda, que la vida son dos días y eso se aprende el segundo. Y charlamos mucho y nos conocimos más y hablamos de nuestro pasado y de nuestros sueños y de nuestros y nuestras ex y yo cada vez con menos ganas de irme y ella con menos ganas de que me marchara. Debí haberme percatado que estaba bajando la guardia y me exponía a ser apedreado o cosido a flechazos, pero mis defensas se acomodaron a no trabajar y se pusieron a dormir en los laureles, que huelen bien y dan sabor a muchos platos. Y claro, después de cenar lavamos juntos los platos, y la cogí por la cintura, allí de pie en la cocina, yo de espaldas a ella, ella vestida más informal, y este no es un relato erótico así que aquí me paro y ya imaginaréis. Es curioso como cuando una fantasía se cumple, en vez de darse la imaginación por satisfecha, es como una flor que de repente se abre y cada pétalo es una fantasía nueva, vaya metáfora más cursi.

Ya tengo bastante con lo mío, pero ahora se me ocurre que quizá no era bastante entonces, cuando todo eso pasó. Y puede que sí que ella me gustara especialmente, que yo no sea tan malo interpretando señales, que mi intuición apareciese para algo bueno aquél día de verano o de la estación que fuera, pero ella con vestido de verano. Puede que sí que estuviera todo previsto incluido en el pack del sexo, que mi alerta del peligro y mi guardia se durmieran queriendo, que mis sentimientos no estuvieran tan distorsionados, que fuera ese el inicio del segundo de los dos días. Pero yo qué sé, tengo que ir a por los niños que ella hoy trabaja y ya tengo bastante con lo mío.

 

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