Bailando con lobas – @_soloB

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MARTES

Acabo de hablar con mis lobas, vamos a vernos este sábado, y qué bien.

MIÉRCOLES

Esta semana, Rubén está de nuevo de viaje de negocios, así que yo estoy con mi pequeño Mateo, de compras por el centro. Tengo ropa que ponerme, pero nada nuevo para este sábado, así que allá voy; con la lista que he preparado esta mañana metida en el bolsillo trasero de mi tejano: ropa interior, vestido, pantys, botines, abrigo, bolso, lápiz de labios, sombra de ojos, la última máscara de pestañas de Dior, reserva en hotel 5 estrellas, billete de avión.

Importante: TOPAMAX 100 mg en mi neceser.

JUEVES

He ido a ver a mi psiquiatra para contarle cómo lo llevo. Le he mentido, no le he dicho que ayer robé la sombra de ojos y la máscara de pestañas en la perfumería. No me apetece nada escuchar, que tengo que dejar de llenar la falta de atención de mi marido con esas compras excesivas y mi cleptomanía.

Que ya lo sé, joder, pero no quiero verlo. Me aterra solo pararme a pensarlo un solo segundo. Que mi vida parece una cosa, y yo soy otra. Que estoy acomodada a este tren de vida, y que algún día, esto lo voy a pagar caro; y no con mi salud, que ya lo estoy haciendo, sino con que Rubén se entere de todo, me quiera quitar a Mateo por ser mala influencia para nuestro hijo, y todo ese montón de mierdas que no quiero ver.

Menos mal que he hablado con Raquel por teléfono, y por un momento, me he relajado. Yo le doy la tranquilidad que ella me da a mí, pero ella piensa que soy yo su bálsamo.

Qué más da, si somos cura: mi tono de voz calmado para ella, su serenidad para mí.

En el fondo, somos unas putas lobas, las tres; Raquel, Susana y yo. Lobas, como cuando nos conocimos en el centro de acogida hace 17 años, allí, donde estábamos heridas de muerte y sin amaestrar.

VIERNES

Hoy vuelve Rubén de viaje. Haré como si nada, voy a meter en la maleta todo lo que he comprado antes de que venga, así no se enterará.

Sufro, mis manos tiemblan mientras le acerco a Mateo su chupete. Los zapatitos que le he puesto hoy, también los robé en aquella tienda cara para bebés. La ansiedad previa al robo, el pequeño respiro al cometerlo, la culpa después de hacerlo, puto bucle de mierda.

Me niego a hacer cuentas del dinero que supone lo que he robado estos 2 años en artículos que no necesito. No, no necesito todas estas mierdas, y sin embargo, cada vez quiero más y más. Puto vacío de mierda en mi interior… Joder, Rubén, márchate con otra, u ódiame para que sea más fácil para mí.

Me repito cada día que esta vez será la última, mi cuerpo arde por dentro, sudor frío entre mis pechos. Marta, tómate el Topamax y mañana será otro día -me digo mirándome al espejo.

Si mis lobas supieran lo que estoy pasando… ellas me arroparían, como cuando nos abrazábamos en mitad de la noche muertas de miedo.

SÁBADO

Acabo de aterrizar. Enciendo mi Iphone, 25 whatsapps de mis pequeñas lobas. Sonrío.

Hoy, nada va a poder conmigo. Con ellas puedo ser yo; me calman, me protegen, me cuidan, me miman, me abrazan, me regalan te quieros en cualquier lugar. No necesito tener la mente ocupada en qué será lo próximo que voy a “comprarme”, no necesito esconder mi ropa, no necesito dar explicaciones porque jamás nos las pedimos.

Vamos, mis lobas, os necesito.

DOMINGO

18:00 h. Tengo un vago recuerdo, me duele la cabeza, tengo ojeras de vivir la noche. Las risas de Susana y Raquel hacen eco en mi alma.

Decidida, y con las manos temblando, hago dos maletas, la de Mateo y la mía. Voy a dejar esa vida atrás, una carta de despedida, y un paso adelante en mi adicción.

Ellas me dan la fuerza para salir de esto, sin saber el motivo. Ellas me abrazan los miedos, las heridas y las cicatrices.

Me recuerdo feliz, me recuerdo viva, me recuerdo bailando con lobas.

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