Babel – @shivisc

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BABEL.

Somos el mundo y a la vez la isla desierta. Cada vez que miro, en la misma mesa, el ego se sienta a la cabeza y la humildad recoge los platos. Las voces calladas sonriendo de vida para afuera y por dentro, el roto sigue cosiendo; el ausente sigue de viaje y la que siente intenta ya no sentir tanto. Mientras tanto las copas, el brindis, el motivo y el festejo.

Las copas intentando ser árboles de nuevo. El brindis queriendo ahogarse en las más dulces gargantas hasta convertirse en fuego. El motivo no se presenta y el festejo aún sin él se lleva a cabo.

BABEL.

Torre de los confundidos que no llegan y los que lo hacen, no saben encontrar la puerta, los pies ni la cabeza.

Una rosa sonrojada de la nada, un amante que la corta y se la entrega a su amada.

Un tallo que se queda desnudo y las espinas de sus manos continúan llorando.

BABEL.

No hay certeza, porque se esconde entre las lágrimas, silencios, prejuicios y orgullos tontos. La honestidad no alcanza la escalera hacia las masas. La noche mientras tanto sigue brillando como si nada.

BABEL.

Estrella rota a través de la orilla de la ventana. Se asoma buscando la pequeña luz de una lámpara. No sabe y nadie le dijo que la luz de las estrellas no se asemeja a la luz de las luciérnagas. Ni a la del musical de una cuna de un bebé soñando o la de una vela solicitando una plegaria.

BABEL.

Sueños y espera. El que sueña es incapaz de despertar y llevarlo a cabo. El que espera, mientras tanto, no sabe ni siquiera por qué sigue esperando. Se alejan por la calle tomados de la mano. Él sigue en el sueño, como un nonato flotando. Ella planta expectativas en el fondo de la tierra.

BABEL.

Los que se esconden gritando. Los que dan la cara pero jamás sabes qué saldrá de sus manos. Los magos. Una carta, una paloma o el conejo saltando.

Los que permanecen callados. Y por dentro levantan una revolución sin estar enterados.

El asesino de la esperanza, el que tira la piedra y nunca se ve que la lanza.

El que juzga y esconde lo más sucio de su casa.

BABEL.

Todos hablan. Unos gritan, otros pausan. Unos lloran o se arrastran. Algunos sonríen y casi nadie sabe lo que pasa. La necesidad de opinar, aunque no tengas nada que decir  porque se intenta estar presente que morir solo e ignorado.

BABEL.

Pareces un mar de murmullos, pero no se entiende nada. Solo lamentos destrozados.

 

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