Asesino de estrellas – @DonCorleoneLaws

DonCorleoneLaws @DonCorleoneLaws, krakens y sirenas, Perspectivas

No suelo erigirme en portavoz de nadie, pero hoy me voy a saltar unas cuantas costumbres y escribiré por boca de muchos callados a la vez que lo hago por la mía propia. Te lo voy a decir clarito porque creo que no te estás enterando: lo mismo es que eres muy corto o quizás no te das por aludido, pero el resultado es similar. No sólo nos importan un pimiento tus opiniones, sino que, además, nos importas un pimiento tú.

Me voy a regalar el pequeño placer de dedicar unos breves minutos a ponerte en tu sitio dándome igual que te moleste –o no-: hace mucho que a mí no me afecta lo que digan o hagan individuos como tú, pero admito que, de vez en cuando, me satisface dejarle claro a un tonto que lo detectamos hace tiempo. En este mundo pecamos muchas veces de pasotismo y eso a los imbéciles os beneficia, porque aprovecháis el silencio de esa masa que os resta importancia para hacer prevalecer vuestra absurda opinión sin que nadie os la haya solicitado.

Me da igual que me juzgues, que me entiendas, que me malinterpretes, que te guste o no te guste, que me leas o no lo hagas, que me saludes o te escondas y que me odies o me envidies. Me importa muy poco. Y no es prepotencia, te lo prometo: es puro desinterés. Tengo por ti el mismo respeto que demuestras tener tú por mí o por los demás. Seguro que, como la mayoría, no soy realmente una persona susceptible de ser envidiada u odiada, pero si lo haces: allá tú, que te aproveche. Haciéndolo demuestras tener las entrañas tan tristes, tan negras y tan sucias como la mirada, y en la indiferencia que te solemos administrar llevas el pago de tu propia penitencia.

No me atraen ni los locos, ni los pelotas de ocasión, ni los obsesos, ni los que hoy están y mañana no, ni los bipolares, ni mucho menos aquellos que odian o envidian sin motivo y sin argumento. No me interesan los incapaces de pasar página: esos que no saben olvidar cuando se topan con alguien que no resulta ser de su interés.

Ni me gustas, ni me interesas, ni me afectas, ni me importas. Esa –entre otras muchas- es una diferencia insalvable que nos distancia: tú recorres el camino por las cloacas como una cucaracha incapaz de enfrentarse por si la pisan, y yo hace mucho tiempo que no tengo que bajar la cabeza ante nadie porque ya me perdoné a mí mismo los errores que cometí. Es más: si hubo alguien que también debiera perdonármelos, ya lo hizo. Eso tú –claro está- lo ignoras, como otras tantas cosas.

Todos somos susceptibles de meter la pata o de equivocarnos y, a veces, damos más confianza de la cuenta a quien no lo merece, incorporamos a nuestra vida a personas poco dignas de ello o nos dejamos llevar por situaciones que nos parecen positivas y después no lo son tanto, pero nadie tiene que estar pagando por sus errores de por vida. Eres tú quien se queda sin argumentos y sin papeles en las películas que te montas, quien resulta incapaz de evolucionar mentalmente y quien evidencia lo gilipollas que es.

Hay otras dos diferencias importantes entre nosotros. La primera es que yo no te odio: quizás no tenga una vida perfecta pero estoy muy feliz –mucho más que antaño- con lo que tengo y con quien soy, y no necesito odiar a nadie. La segunda es fundamental: el poder de la información. Optar por no intervenir es muy diferente a no saber. A veces se sabe y no se cuenta porque no merece la pena o porque no le das importancia… pero se sabe. La información es poder y saber utilizarla en el momento adecuado es muy importante. Como tú no sueles tener ni idea de lo que hablas no consigues hacer el daño que pretendes, pero no tenses la cuerda, porque al final toda cuerda se rompe y lo mismo te termina dando un buen latigazo en la cara. Quién sabe lo que los demás conocen pero callan…

La forma de ver la existencia, de no meterse en vidas ajenas cuando no has sido invitado, de opinar de los demás sin conocimiento, de no aceptar quitarte de en medio cuando te han relegado, de hacer demagogia cuando no te sirven ya tus argumentos, de intentar pisar cuellos ajenos para sobresalir cuando en realidad no destacas, de no saber perder, de ser incapaz de olvidar, de no entender lo que significa la palabra “perdón”, de hacer montañas de granos de arena o de intentar manipular conductas ajenas aprovechando manifiestas debilidades mentales, te cataloga a ti: no a los demás. Aunque no lo veas, el problema es tuyo: no nuestro.

La gente normal y corriente -con sus aciertos y sus equivocaciones- aspira a vivir tranquilamente y en paz consigo misma. El nivel de ambición de cada cual ya determinará su grado de felicidad con lo que tiene y con lo que desea, pero en serio: la vida es algo mucho más sencillo, natural y positivo de como tú te la tomas. Vive y deja vivir, coño. Deja de agobiar o de perseguir a los demás. Hay más colores: no todo es del negro que tú pretendes imponer. Se puede sumar en vez de restar. Se puede aunar en vez de excluir. Se puede reconocer que te has pasado o equivocado: que no eres perfecto. Se puede elogiar lo ajeno y compartirlo en vez de mirarte sólo el ombligo. Tienes una actitud nociva y tóxica. No te das cuenta del ridículo que haces y de cómo te señalas aunque no veas los dedos apuntándote. No son los demás los que van a contrasentido: eres tú quien conduce por donde no debe.

Y ya acabo, pero antes de que apostilles poniéndole defectos a lo que escribo ya me anticipo y te lo aclaro yo: todo esto que normalmente callo –como otros muchos- cuando veo a mezquinos como tú y que te recomiendo que reflexiones, me lo aplico a diario, sí. Antes no lo hacía: lo reconozco, pero hace ya tiempo que me reviso, me reciclo y aprendo de mis errores para seguir adelante como buen luchador que soy. Hace mucho que ya sé lo que no quiero… ¿y tú? No soy mejor que nadie, pero tampoco soy peor que otros muchos. Aprendo a palos: sí, pero avanzo. No como tú, que estás anquilosado en tus obsesiones.

En la película en bucle que te has montado vas por la vida de asesino de estrellas, pero para ser un agujero negro hay que tener tal poder y tal densidad de importancia que a ti el papel te queda grande: muy grande, pequeño.

P.D. Aplíquese a todos los maníacos, tristes, hipócritas, irrespetuosos, obsesos, maleducados, fariseos, insanos y ególatras que, por no tener nada mejor que hacer en sus vidas, se dedican a meterse en las ajenas creyendo que sus doctas opiniones afectan, vinculan o importan, cuando no es así.

 

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