Arañazos de antaño – @sor_furcia

Sor Furcia @Sor_furcia, krakens y sirenas, Perspectivas

Come.

Da igual el motivo, no importa si no tienes hambre.

Come.

¿Estás triste? Este helado seguro que te alegra.

¿Has tenido un buen día? Te mereces un premio, un premio con forma de pastelito.

No un orgasmo, ni un masaje, ni una sesión de cine y risas. No. Comida.

La comida nos hace compañía cuando la necesitamos. Las personas no. Por eso a veces nos sentimos solas.

Y ¿quién está para acompañarnos en nuestra soledad? Esa bolsa de patatas, o esas chuches, o ese paquete de donuts.

La comida nunca defrauda.

Es nuestra mejor amiga.

Incondicional.

Siempre viene a nuestro cumpleaños. Celebra la navidad con nosotras. Tenemos citas con ella…

A veces incluso queremos tenerlas a solas con ella.

Nuestro momento de amigas.

Nuestra fiesta de pijamas.

Tú y ella. Ella y tú.

Y entonces ella se acaba y te quedas tú. Sola.

Tú y la culpa.

Nuestra peor enemiga.

Comer debería servir para alimentar nuestro cuerpo.

Pero muchas veces lo hacemos para silenciar nuestras emociones.

Y lo que silencia a las emociones, normalmente hace daño a nuestro cuerpo.

Un cuerpo perfecto. Que funciona como debe. Que respira, que late, que piensa, que siente, que sufre.

¿Ves todas esas estrías? Son arañazos. Arañazos que te recuerdan que en el pasado te has portado mal con tu cuerpo.

Ese cuerpo en el que vives todos los días, y que deberías cuidar.

Cuidarlo por dentro.

Pero parece que nos preocupa más cómo lo vean los demás por fuera.

“Estás más gorda, a ver si te cuidas más”. Y te lo dicen sin pensar que a lo mejor hay un motivo.

Que a lo mejor es tu ansiedad la que come, y no tú.

Que quizá estás intentando tragarte tus problemas, endulzarlos.

Sin éxito.

Y te dicen eso y te sientes peor.

Y comes.

Y fantaseas con vomitar. Pero no quieres ser una bulímica.

Y entonces te das cuenta de que bulímica no es solo la que vomita.

Así que dejas de comer.

“¡Qué guapa estás! ¿Has adelgazado?”. Y te dan ganas de contestar. “No, solo estoy triste”.

Pero de nuevo, las emociones que se alimentan por ti (o que dejan de hacerlo), no importan. Importa que estás más guapa.

Pero eso no compensa.

No te hace feliz.

Así que comes.

Comes sin control.

Como si la comida fuera una droga.

Eres una yonqui que no parece una yonqui.

Porque la comida es una droga que te permite seguir siendo tú ante los demás.

Que te permite seguir haciendo tu vida. Como si nada pasara.

Pero pasa.

Porque la comida también te consume. Como las demás drogas.

Y al final te mata.

A ti y a ese cuerpo que solo quiere que lo cuides.

Que lo alimentes.

Que lo disfrutes.

Que no lo mates.

Mientras toda esta sociedad es cómplice de su asesinato.

Y le da igual.

Porque lo importante es que consumas.

Que obedezcas a sus preceptos. A sus cánones.

Que seas como una mosca en su miel.

Generarte problemas para luego venderte las soluciones.

Soluciones que son placebo.

¿Pero sabes cuál es la verdadera solución?

Comerte a esta sociedad.

Comerte sus mandatos.

Comértelos y cagarlos.

Y reducir a mierda todo lo que te digan.

Y después de hacerlo, entonces sí, te mereces un premio.

Tú y tu cuerpo.

Así que quiérelo.

Y hazle el amor como nunca nadie se lo ha hecho.

Y a todo lo demás.

¡Que le jodan!

 

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