Ana bailaba en Moby Dick – @Macon_inMotion

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El ralentí del motor de un vehículo ronroneaba en la noche. En su interior, una sombra masculina se removía. Recortes de periódicos, blocs de notas y algunas fotografías inundaban el asiento del copiloto. Tan solo la llama de un cigarrillo dotaba de color al interior del coche.
Después de meses de búsqueda, parecía que por fin estaba cerca de su objetivo y que la mujer a la que buscaba se encontraba allí mismo. Volvió a comparar fotos y se dispuso a salir del coche pero antes de hacerlo, abrió la guantera y sacó una pequeña caja de latón que se guardó en el interior de la cazadora. Una ráfaga de aire frío lo recibió y tuvo que taparse la boca precariamente con los cuellos del abrigo.

Ana bailaba los fines de semana en un garito, pasaba cualquier sustancia con capacidad para colocar y bebía como si no hubiese un mañana. Conservaba a duras penas su figura a pesar de los años pasados y de los malos hábitos que había adoptado pero ella misma sabía que aquello no sería eterno. Cerraba los ojos siguiendo el ritmo de la música y simplemente se dejaba llevar. Soltaba amarras y a la mierda el mundo. No solía permanecer mucho tiempo en el mismo sitio y evitaba comprometerse con nadie más que superficialmente. Sabía que era momento de cambiar de aires cuando alguien le hacía la pregunta clave: ¿De qué huyes?

El hombre no pudo reprimir un pequeño escalofrío, el viento le calaba hasta los huesos. Acariciaba la cajita de latón por debajo del abrigo. Él sabía lo que contenía y la chica, que ahora se hacía llamar Ana, también. De un modo u otro, aquella interminable huída para una y búsqueda para otro, terminaba esa noche. Respiró profundamente varias veces, ya no había vuelta atrás. Levantó la vista y se encaminó al bar que tenía enfrente, coronado con un enorme letrero luminoso de neón rosa que decía: Moby Dick.

 

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