Alta fidelidad – @anapsicopoet

ANA CASADO @anapsicopoet, krakens y sirenas, Perspectivas

A mayor high fidelity (hi-fi) en nuestros equipos, menor fidelidad en nuestras relaciones. Y para qué hablar de la primera si podemos disfrutarla, mejor hablar de la segunda y dejar de sufrirla.

Corren tórridos tiempos para la transparencia. La piel llama a la piel, y la facilidad de acceso a un cuerpo dificulta el autocontrol. Las conciencias del s. XXI son individualistas y hedonistas. Son tan malas personas como cuando, a través de su censura, restringían la casi totalidad de actos que daban placer, porque según la tradición judeocristiana, si da gusto, ha-de-ser-pecado. Saltamos de extremo a extremo, de la represión a la lujuria y tiro porque me toca. Y bajo el yugo de la tradicional monogamia, seguiremos preguntándonos hasta cuándo vamos a hablar de infidelidades. Fidelidad y mentira, ambas incompatibles en tiempo y espacio, revientan cabezas dejando seres en contradicción y letargo. Una lucha a muerte entre la culpa y el volver a tener otro encuentro que te haga sentir libre; otra tesitura más, como si no tuviésemos bastantes… Poco a poco, paso a paso, hagamos un sólido camino para poder pisar firme. Estamos forzando la máquina y normalizando situaciones, que naturales o no, todavía nos cuestan asumir.

«¿Te ha dolido más que haya tenido sexo con otra persona o la mentira?» Esta es una de las preguntas más habituales en estos casos. La respuesta más repetida es «la mentira». Vamos bien, porque quizá sea más fácil dejar de mentir que dejar de morder la manzana. Será un recorrido largo, lento, y no para todos, pero las relaciones abiertas y poliamorosas dejarán de ser la opción de una minoría.

Es tedioso tener que seguir modas morales para sentirte bien contigo mismo. Lo es aún más verte juzgado por el criterio de quien necesita emitir su opinión para consideración del resto. Nos cuesta ser fieles a nosotros mismos, como para serlo a otros. Acabaremos todos haciendo tests de compatibilidad para encontrar pareja, y cuando pongamos “alta fidelidad” como requisito indispensable, saltará un una voz que nos redirija a la sección de Imagen y Sonido de El Corte Inglés.

Otros pensaréis “¿alta fidelidad?… Fidelidad o infidelidad, como término cualitativo, y no mesurable. No, la fidelidad total dejará de existir, lleva en crisis demasiados miles de años, su supervivencia pende de hilos que no controlamos, hilos que se acaban rompiendo dejándola caer, en el mejor de los casos, al pozo del remordimiento, donde hace muy bien su trabajo el arrepentimiento y el “nunca más”. En el peor de los casos, sale indemne de la caída y se va de bares a conocer a otras fidelidades y a seguir jugando repetidas veces a que no pasa nada. Llamemos a esta: Baja fidelidad.

Y entre teorías, opiniones y correveidiles, a ver si estamos divagando demasiado y lo único que tenemos que hacer usar la comunicación para adaptarnos a cada situación y a la persona con la que estamos.

 

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