Al otro lado del teléfono – @PoetaImpostor

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Sábado en casa. No es un sábado cualquiera. Ya hace algún tiempo que quedarse en la habitación se ha convertido un ritual sagrado. Suena el teléfono e inmediatamente me tiembla el alma. Suena y mi corazón baila. Sé que siguen habiendo 6,889.40 kilómetros entre nosotros que he contado con precisión, remordimiento y algo de rencor inspirado por tanta distancia. Sé que mi cuerpo sigue igual de lejos que el primer día, pero sé también que mi espíritu se encuentra un poco más cerca de ella cada segundo que pasamos con el alma enredada en el cable del teléfono.

Que sí es posible conocer a una persona sin llegar a conocerla.
Sentirla sin tenerla.
Que sí es posible tocarla, soñarla, esperar por ella;
sentir que el corazón está aquí
aunque el latido esté en otro cuerpo.

Suena el teléfono y todo el cansancio de un día lleno de rutinas desaparece. Suena, saludamos los dos con cierta torpeza y ese se convierte en el inicio de una conversación que no comprende de finales. Quizás no esté a su lado, en sus brazos o ella en los míos. Quizás venimos de interactuar con otras personas, sonreír por otras causas, besar e idolatrar otros labios. Quizás no somos más que un pasatiempo virtual para el otro y sin embargo nos elegimos. Escuchar su voz al otro lado del teléfono me hace comprender que el sentimiento es genuino cuando siento la sonrisa idiota que nace porque ha dicho que me quiere. Que no importa con quién haya estado antes, a quién hayan tomado mis manos o a quién me haya rondado la cabeza hasta aceptar esa llamada. Ni siquiera importa a quién huele mi ropa y mi piel. Su sonrisa se convierte en mi necesidad primaria.

Que es sólo voz y letras,
pero la siento aquí
conmigo
cada vez que cruzamos palabras.

Al otro lado del teléfono se encuentra la cura a mi ansiedad. Se encuentra la sonrisa que encaja con la mía. Se encuentra la persona que tiene un alma de igual composición que la mía. Al otro lado del teléfono está la persona que he elegido.
Puede que no esté conmigo, puede que se me encoja el corazón de tanto extrañar, puede que ella no se sienta igual cuando me escucha, puede ser que jamás la tenga, puede que no sea la persona con quien follamos como parte de nuestro instinto de saciedad animal. Y sin embargo es la única persona de la que tengo intención de hacerle el amor el día que esté a mi lado.

 

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