Al diablo – @Contradiction_

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Estos malditos mortales son unos desagradecidos.

– Lucifer llevaba todo el día dando vueltas y refunfuñando, la última alma adquirida ni siquiera había parado de llorar, le culpaba por estar atrapada allí. Ni siquiera me escuchan Adeus, no hacen más que quejarse. Son muy molestos.

– ¿Cuántas almas llevas ya? – le preguntó Adeus con voz serena.

– No las suficientes. – contestó Lucifer.

– ¿Qué es lo que esperas conseguir? Son almas dañadas. – se atrevió a preguntar Adeus.

– Que me quieran, que me adoren. Yo les doy lo que me piden. El otro solo les ofrece miedo y dificultades. No soy yo quien les arrebata la vida, no soy yo quien les prohíbe ser lo que quieran ser. Yo no les juzgo.

– Tú les aceptas pero no les das opción, les concedes los deseos sin explicarles las consecuencias de sus actos.

– ¡Les doy todo lo que quieren! El problema lo tienen ellos, no saben lo que quieren. Piden poder y les doy poder, piden dinero y les doy dinero. Piden lograr sus ambiciones y las logran. ¿Acaso no es suficiente? ¿Acaso no saben que todo eso les destruirá?

No, no lo saben. Esperan que les digas lo que pasará para dejar de desearlo. Es lo que esperan .

Adeus no se cansaba de repetirle que no se puede comprar el amor y la lealtad de nadie con trucos baratos.
Era verdad, Lucifer ofrecía a los mortales aquello que más deseaban a cambio de sus almas, pero nunca les avisaba de que realmente eso no sería lo que les haría feliz, ni siquiera les avisaba sobre cómo serían sus vidas a partir de ese momento.

Adeus le contaba que la verdadera amistad no consistía en conceder deseos y mucho menos en comprar lealtades, los verdaderos amigos te acompañan por el camino y te avisan de los riesgos pero el diablo no entendía o no quería entender.

– ¿Y se puede saber por qué tú sigues aquí? Te concedí lo que deseabas y tu alma nunca me ha pertenecido.

– Si, pedí amor verdadero, lo que no te permitió pedir mi alma a cambio, además, me avisaste, dijiste que me destruiría, que haría de mi algo irreconocible.

-Y me equivoque, sigues siendo bueno.

-Sigo siendo bueno porque tengo un amigo que me aceptó, que comprendió mi dolor y que me dejó sentirlo.

– ¿Estás aquí por mi?

– ¿No lo sabias?

– ¿Y qué pretendes? Si dejase libres todas esas almas seguirán llenando el mundo de dolor. Seguirán culpándome de todos los males del mundo y además, seguiremos solos.

-No nos hace falta ese tipo de compañía. Tú quieres amor y ellos sólo pueden dar odio. Deja que sea el otro el que se ocupe de los monstruos.

El diablo se quedo fijamente mirando hacia las almas a las que intentaba dar una segunda oportunidad, de las que esperaba amor y a las que ofrecía compresión. A él le habían condenado a la eternidad entre llamas por amar demasiado y se había prometido jamás negarle a alguien aquello que deseara, pero esos malditos mortales sólo pensaban en el dinero y el poder y por mucho que quisiera salvarles, siempre le echarían la culpa a él.

– Vamos amigo, tenemos muchos monstruos que dejar ir. – Dijo Lucifer mientras sonreía a Adeus.
«No le cuentes al fuego lo que duele arder» y menos al Diablo.

 

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