Afortunadamente – @Macon_inMotion

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El laberinto de neón cerrando sus fauces. El reloj analógico del coche marca las 00:13. Un vistazo rápido antes de volver a posar mis ojos en la carretera. Conducir por la ciudad es complicado. Conducir a toda hostia por la ciudad es muy complicado. Conducir a toda hostia por la ciudad con tres coches patrulla con la sirena puesta es jodidamente complicado. Semáforo en ambar. Pie al embrague. Quinta con un rápido movimiento de muñeca. Resuenan los cláxones en el cruce, como gorilas enfurecidos en la selva. Ahí es donde estamos, en la selva. Esos hijos de puta de la madera siguen detrás. Apenas veo a la gente quedándose asombrada mirando la persecución. Me la voy a pegar. Estoy seguro. ¿Porqué sigo acelerando, entonces? No me cojerán. No me cojerán, mascullo mientras piso aún más el acelerador.

El motor ruge. Las ruedas rechinan en cada curva, poniendo a prueba su resistencia. Un paso de cebra. Con gente cruzando. Me cago en mi puta vida. Miro por el retrovisor. La polícia se relame, casi puedo olerlos. No puedo parar. Volantazo. El coche pega un bote enorme al subir el bordillo a semejante velocidad. Me golpeo la cabeza contra el techo. Pierdo el control por un instante. No he atropellado a nadie y la policía ha quedado atrás. Sólo unos metros. Vuelven. Se me ocurre algo. Pisar más. Más. Más rápido. Las farolas son hilos de luz. Fluyen. El azul policial en el retrovisor. Son incansables. Llevo quince minutos esquivando coches. Parece una eternidad. La calle se estrecha. Esquivo dos peatones. Creo que asustados. ¿Creo? joder, pues claro que estaban asustados. He pasado rozándolos. Esquivo un contenedor. Otro. Otro más. No puedo con el cuarto y le embisto. Un montón de basura choca contra la luna delantera y no veo nada durante unos angustiosos segundos. Vuelvo a ver la carretera. La policía se ha acercado dramáticamente despues de ese contratiempo.

Tengo que salir de la ciudad como sea. Aún tengo medio depósito. Puedo hacerlo. Puedo. La aguja del velocímetro está empalmada. Apenas sí debe vérsenos pasar. Velocidad. Mis ojos se nublan. Ya ni siquiera veo la carretera. Sólo velocidad. No tengo sangre en las venas, tengo velocidad. Soy velocidad. Un sonido sordo. Un reventón en una rueda. Mierda.

Velocidad. Velocidad interestelar. La luz que salió de una estrella hace millones de años nos llega ahora. ¿Einstein enunció la teoría de la relatividad? He soltado el volante. No se porqué. Instintivamente. Se bloquearon las ruedas por el reventón y ahora el coche ahora avanza de lado. Ahora veo claramente los rostros de gente asustada, en la acera contraria. Todo va a cámara lenta. ¿Será sólo para mi? Me ven pasar, fuera de control. Se oye un enorme estruendo. El cielo se ilumina de improviso con cien mil millones de estrellas. No se oye nada. Mucho ruido. La luna delantera ha estallado y viene hacia mi. Veo acercarse cada pequeña estrella de esos cien mil millones. Algo me golpea. O lo golpeo yo. Es algo duro. Soy consciente de esa milésima de segundo en la que mi cuerpo entra en contacto con otra superficie. Me va a hacer daño. Una enorme sacudida. Una librería con cientos de libros que caen de pronto todos al suelo. Violentamente. ¿Sigo pensando coherentemente? ¿Me sangra el brazo? Sólo duró un instante, pero para mi fue una eternidad. Lo vi todo. Vi de manera extremadamente sensible todo. El Todo. Luces. Colores. Sonidos. Tiempo. El coche quedó hecho un amasijo de hierro retorcido irreconocible. Luces. La policía. Me atraparon. No será por mucho tiempo. Afortunadamente, tú no estabas ahí.

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