Abraham – @_vybra

dkys colaboraciones Improvisando letras, Retos

Desde muy pequeña entendí que existían los superhéroes. Quizá incluso antes de entender qué significaba esa palabra. El mío jamás ha vestido con ropa ajustada que marcase su musculatura ni sabía volar. Tampoco levantaba edificios ni salvaba vidas, o acaba enamorado de la damisela en apuros de turno.

Mi superhéroe es tan atípico que ni siquiera tenía archienemigo al que enfrentarse ni símbolo que le representase. Él y sus rarezas… solía vestir con camisas de cuadros y era adicto a los sombreros. Olía siempre a puros y café, bebía bourbon a deshoras y sonreía con una mueca más canalla que bondadosa. No poseía armas que no tuviesen cuerdas y creasen notas, y defendía que la música era la cura para el 90% de las cosas.

Mi superhéroe se sentaba a leernos durante horas y creaba escenarios donde la realidad se convertía en otra cosa. Allí los malos nunca ganaban, las hadas existían y los buenos conseguían que se les escuchara. En el mundo en el que él reinaba, la música sonaba a todas horas, la poesía llenaba el aire con su aroma y la locura se volvía una cordura contagiosa.

Gracias a sus poderes aprendí que la empatía es un tesoro, que se puede llorar sin que duela y que las sonrisas rompen barreras. Me enseñó a bailar sin música, a que llevar zapatos no me duela y a no devolver la falta a quien me hiera.

Él tuvo que marcharse, pero sigue haciendo su labor de superhéroe y aparece cuando llueve, cuando la Piaff canta y el mundo se detiene. Le siento cuando lloro y todo me vence, al igual que cuando río y nada me puede.

Lo encuentro en los detalles de otra gente, en la caricia de un amigo y en cada voz que canta cuando volar es lo que necesito.

Mi superhéroe no era inmortal, pero se hizo inmortal en mi recuerdo.