A una pestaña de distancia – @reinaamora

Reinamora @reinaamora, krakens y sirenas, Perspectivas

Hay tantas partes de ti en mis letras… Apareces y te escondes detrás de cada pausa, asomado en cualquier sombra,  esperando impaciente al extremo de mi locura. Quieres salir, quieres que te libere, pero eres demasiado grande para ser expresado en una hoja sin estrenar.

No puedo darte suficientes lineas que traigan los ruidos que puedan hacerme olvidar los ecos que dejas cuando te vas.

Despierta alguna vez, sólo alguna en la que no tengas que exiliarme a una lista de promesas oxidadas. En lo que está en mis manos, en aquello que hago aparecer frente a mí, puedes ser lo que quieras. Lo que quiero que quieras. Y al final siempre eliges ser tú…

No podría quererte de otra forma. Indomable en tus pasiones. Tú no quieres caminar sin mí y mi camino es sólo de ida. Contrariada a ideas opuestas no borres mis planes antes de entonarlos. Cambia mis horizontes, invade mis pasiones. Déjame en esos sueños que representan tu oleaje en donde quiero nadar desnuda, sin aire. Pero despierta y hazme respirar. Mis males ya están hundidos, no caves muy profundo. No huyas, porque entonces puedo huir yo en silencio.

Las escenas que nos quedan serán para ti. Ven y camina conmigo, cuando quieras aunque sólo sea un momento. No pido ningún jamás más allá de ser incapaz de terminar de leerte ya que siempre me dejarás un capítulo por vivir.

Un alma impar. Tardes de preguntas en singular y respuestas olvidadas en la sala de objetos perdidos de cualquier aeropuerto. ¿Dónde podría habitar alguien con quien hablar sin necesidad de voz? No toda voz necesita de sonidos, basta con que se abra camino, gesto a gesto, caricia a caricia, directo al corazón. Alterando la sangre bohemia que llevo dentro, haciendo vibrar a la nómada que siempre deambula entre promesas vacías y juramentos huecos.

Tanta distancia hay entre lo que veo y lo que soy. Un tártaro donde arrojé hace años, a una piedra ancorada, las ideas que me he inculcado. Todo aquello que se suponía encontraría perlando mi camino y no pude ver. Aquello que no pude sentir.

No me perdí nada, nada que valiese la pena echar de menos bebiendo de la melancolía que rebosa tras una ventana lloviendo. Dejé de lado la cuestión del «dónde estás». No existes. No puede haber afín surco por recorrer ni huella que valga le pena seguir. A veces, sólo a veces, me preguntaba qué pasaría si existiera un alma con la que compartir todos mis secretos.

¿Pero qué alma puede haber en el mundo, como la mía? ¿A qué distancia está?

Solitario. Imprevisible. Atormentado. Tahúr. Bardo de tres al cuarto. Manipulador. Si el vicio tuviera ojos pardos serían los tuyos.

Imposible no caer rendida a tus pies, aún a sabiendas de que no eras para mí. No me convenías. En realidad no le convenías a nadie. Verte frente a frente, a kilómetros de distancia, en un mundo alejado de toda sociedad, y yo en un mar de dudas, buscando un la espuma de venus en cualquier centro de azúcar y piedras. Me engañaba a mí misma.

Todo aquello que te rasga por dentro comienza escondido detrás de lo ordinario, amenazando con ser la alquimia de tus recuerdos. Convirtiendo un instante en algo eterno dentro de ti. Un trabajo, una llamada, una obligación. Una solución. Y allí están esos ojos, una mirada que habla. Me quedé sin aliento.

No. Tenía que haberlo imaginado. No podía ser más un espejismo maniobrando entre mis doctrinas. No era lo que buscaba, no era lo que necesitaba. Y al mismo tiempo era lo único que quería y lo único que iba a necesitar desde entonces.
¿Por qué tuviste que aparecer?

Me roba la mente y las ideas a cambio de una noche de sexo. Se lo entrego con el mayor de los placeres. Me excita más que cualquier cosa, más que cualquier razón que pudiera encontrar.

Encontrar. Esa mirada me había encontrado y ya no me iba a soltar. Lo peor de todo es que no era consciente de ello. Silencio, kilómetros, rutina, tiempo. Y ¿qué me pasa? Vuelves a aparecer.

Lo sorprendente de extrañar lo que ni siquiera sabes que extrañas es que cuando aparece a tu puerta trae las deudas de toda la pasión que debes.

Azar, fortuna, destino, karma ¿Quién sabe? Es inevitable cuando pasaste de ser extraordinario a único. Más allá de tus pupilas no podía haber nada.

Vuelves sin haberte ido, no habías desaparecido de mi interior. Y así eres tú, sin término medio. Una cosa es formar parte de mi interior, y otra es ocupar todo aquello que lato y respiro. Me rompiste el mundo en mil pedazos.

¿Por qué, maldito idiota?

¿Por qué no lo hiciste antes?

No buscaba nada, cómoda como estaba dentro de mi castillo de naipes. Un precario equilibrio de prometo y así quedan las cosas rodeaba mis pasos.
Y llegas tú, golpeando todo, gritando con tus ojos. Mostrando esa alma, esa alma que habla cuando besa. Cuando me besas.

Noto arder cuando vuelvo a sentir tus caricias. No pude fingir mucho antes de caer sobre ti. Me tenías atrapada desde hacía tiempo. Lo sabías y quería que lo supieras. Y, aún así, esa distancia. Una distancia que no podía entender ni aceptar. ¿Cuál era? ¿Por qué tenía que levantar un muro entre tus manos y mi sexo? Tenía que haberla. ¿Lo entiendes verdad?

Sí. Siempre lo has entendido. Como también entiendes que me he rendido, que por fin veo cuál es ese trecho espinado. Lo que me mata no es el tiempo, no es echarte de menos. No es pensar en ti en la oscuridad de mis paredes o en el anonimato de un café. No es dibujar tus ojos e imaginar tus manos, ni recordar tus besos y desear los que aún me debes. No es no saber o saber demasiado.

Lo que me mata es lo que nos separa. La distancia, las reglas, las convenciones, mis obligaciones, las tuyas, mis principios, tus pasos.

Malditas huellas.

Solo sueño con unos pasos que se engañen unos a otros. Caminar contigo, no importa hacía donde.

Contigo.

Destrozar esa distancia. Una distancia que rompes cuando me miras. Tardé en entenderlo, en asumirlo. A una pestaña de distancia estaba lo que me negaba a jadear. Tus ojos, tu mirada. Era más que eso.

Era asumir que compartimos esa mirada. Que miramos igual, que nos miramos igual. Que miramos hacia el mismo lugar, hacia la pasión que nos despertamos, hacia aquello que nos susurramos. Que seguimos mirando a un alba en el que podamos despertarnos recién follados, recién vividos. Sólo miras así conmigo, sólo miras así hacia mí. Sólo tú me miras así.

Sólo yo te miro así.

Tras esa pestaña de distancia está la verdad que asumimos. Mirame y rompe esa separación. Mirame y olvido. Mirame y me encuentro.

Rómpela hablándole a mi alma con tus besos y gritándole a mi cuerpo con tu sexo. Susúrrame con tus pupilas lo que yo misma te digo.

No vas a ninguna parte.
No volverás a irte.
No me iré de tu lado.
No saldrás de mí.
No te dejo.

No te dejo ir.

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