A través del Sahara – @martasebastian

Marta Sebastián @martasebastian, krakens y sirenas, Perspectivas

Hace mucho tiempo me dijeron que una vez que cruzabas el Sahara, esa tierra te acompañaba toda la vida. Sé que es difícil de comprender pero hay pocas cosas más reales…

Hace 10 años cogí un avión rumbo Mozambique, dejé atrás mi familia, mis estudios, mis amigos… Mi vida. Y tomé destino a un mundo desconocido, diferente y muy, muy atractivo.

Creía saber a dónde me dirigía, qué me encontraría ahí. Había leído mucho, había visto muchos documentales y hablado con mozambiqueños y con gente que había estado ahí. Ingenua de mí. Nada te prepara. Es imposible. Ni para lo malo ni para lo bueno.

Viví seis meses en mitad “do mato” como decían ellos. Es decir, en un pueblo en mitad de la nada. A hora y media andando de la carretera principal. Y digo andando porque o tenías coche (uno para toda la escuela) o tenías que coger la furgoneta que, teóricamente, pasaba una vez al día. Y sí. Era la furgoneta que todos tenéis en la mente, con gente hasta en el techo y en cuyo interior se mezclaban personas, maletas y animales varios (aún sigo alucinando porque nunca me picara una gallina).

Y sí. Digo teóricamente porque una vez que llegas a Mozambique hay algo de lo que te tienes que olvidar. Los horarios y la puntualidad. Es otro ritmo. Otra manera de gestionar las cosas. Y os aseguro que al principio desquicia. Quedas, por poner un ejemplo real, con la asociación de mujeres de la aldea. Lo planificas. Como planificamos los españoles; es decir, dando mínimo un margen de 15 minutos para que lleguen. ¡15 minutos! Digamos simplemente que a la hora y pico las vimos llegar cantando y bailando por el camino. Te habitúas. Te das cuenta de que vas a ayudar. Ayudar. No imponer tu manera de hacer las cosas. Vas a ayudarles a conocer otras culturas, otras visiones… Y tú a aprender las suyas. Por muchas ganas que tengas de hacer las cosas rápido y cuanto antes para hacer el mayor número de ellas posibles… Las cosas cambian poco a poco. Cuando vas de voluntaria a un país como Mozambique tienes que tener claro que no vas a salvar el mundo, que simplemente pones un granito de arena… Muchas veces te sientes frustrado. A veces, incluso, estando allí, te preguntas si ha servido para algo dejar atrás toda tu vida, toda tu gente, las personas a las que quieres…

Viví seis meses en mitad “do mato”. En una aldea cuyo último blanco que habían visto fueron los colonizadores portugueses; de allí que una noche Marian (mi compañera en esa aventura) y yo nos levantamos de golpe, fuimos a la puerta y salieron corriendo unos niños y unas gallinas… De allí que cada paso que dábamos era conocido por todos. Y yo que siempre he sido una persona tímida y de ir mucho a mi bola… Costó un poco.

Costó pero mereció la pena. Sentirse una más y, lo más importante, sentir que ellos te aceptaban en su mundo. No es tan fácil. Para la mitad de la gente éramos seres a los que espantar con extraños conjuros y para la otra mitad… Sólo por ser blancos éramos superiores. Me costó mucho que mis alumnos comprendieran que mi color de piel no me hacía mejor que ellos, que vieran normal que me sentara a su lado, les mirara a los ojos y les pidiera que me llamaran por mi nombre; que comprendieran que el respeto se ganaba con los actos y no con simples formalismos. Rápidamente me di cuenta que mi mayor aporte en esos meses era ese. Sentarme con ellos, escucharles, aconsejarles, hablarles con una sinceridad que muy poca gente les había regalado… Y algo debí hacer bien cuando 10 años después me siguen escribiendo y llamando para charlar y contarme sus sueños y sus miedos.

Me gustaría poder contaros que a todos mis alumnos les ha ido bien. Que todos están felices y cumpliendo sueños… Algunos ya no están. El SIDA se llevó a algunos, otros… ¿Quién sabe? Mozambique es uno de los países con menor esperanza de vida… El SIDA, la malaria, la malnutrición… Campan a sus anchas…

Hace tiempo un conocido me dijo “En otras partes del mundo matarían por nuestra crisis”. Y es cierto… ¿Cómo explicarles a los africanos lo que es crisis? Recuerdo cuando les intentaba explicar lo que le sucedía a mi abuela. Intentarles explicar lo que era una demencia senil o el Alzheimer… ¿Cómo lo iban a entender si directamente les parecía un milagro que alguien llegara a los 80 años? Eso era algo que ellos no iban a conseguir (algunos de ellos no han conseguido ni llegar a los 25 años)… Igual que cuando les explicaba que la gente con SIDA podía vivir varios años con la enfermedad. Y se reían, mitad incrédulos, mitad con esperanza… Porque cuando ellos cogen el SIDA mueren al poco tiempo…

¿Cómo explicarles que no era mejor por ser blanca? ¿Cómo explicarle a la gente de aquí que no soy mejor por haber ido de voluntaria a Mozambique? ¿Cómo explicarle, a la personas que dicen que los problemas del mundo tienen que solucionar los políticos, que si nosotros mismos no nos interesamos por ellos, si nosotros mismos no intentamos luchar por cambiar las cosas… Por qué lo van a hacer ellos? Tenemos los políticos que nos merecemos. Y si a nosotros nos da igual el tercer mundo, a ellos también.

Una vez que atravesé el Sáhara, esa tierra se quedó pegada a mi piel y a mi esencia y ya siempre me acompañará. Ojalá yo les acompañe a ellos aunque sea una décima parte de lo que ellos me acompañen a mi.

Fui a ayudar y ellos me ayudaron a mi (bueno, y yo a ellos también, ¿eh?).

Otro mundo es posible. Pero tenemos que hacer algo más que desearlo.

 

Visita el perfil de @martasebastian