A grandes males – @netbookk

Ricardo García @Netbookk, krakens y sirenas, Perspectivas

Mientras intento convencer al peque para que se tome el desayuno, te veo por el rabillo del ojo recogiendo tu coleta y abrochándote la blusa. Sin pensarlo dos veces me acerco por detrás y, sin querer, rozo tu culo. Al sentir mi caricia, levantas la cabeza, te giras sonriendo y el día se ilumina.

Los niños van a la suya, haciendo ruido y tardando más de la cuenta pero yo soy incapaz de no mirarte mientras revoloteas alrededor. Al ajustarte la falda te aprietas un poco más de lo debido contra mí con la excusa de una cocina estrecha, comprobando mi evidente reacción y sonríes de medio lado, intuyes con una antigua sabiduría animal, que ese sencillo gesto me va a tener pensando en ti todo el día.

Los dos sabemos que las cosas fuera no van muy bien pero, al menos, aquí dentro, nos tenemos el uno al otro y eso ayuda.

Acabo mi café en la puerta de entrada mientras te veo marchar con la tribu camino del cole, pero justo antes de salir rompes ese halo de fría y fingida indiferencia. Al abrir la puerta del coche, te giras, me miras y lanzas un beso pequeño, íntimo, sencillo, que me pone los vellos de punta; luego, te lo piensas mejor y vuelves para, acercándote lo justo sin rozarme apenas, decirme bajito al oído: “que sepas que ya me voy con las bragas mojadas por tu culpa. Canalla” mientras rozas con delicada y sutil perversidad la evidente erección que abulta el pantalón de mi pijama. Y vuelves al coche toda digna, sabiendo que estoy mirando como mueves tu precioso culo para mí.

“Estos juegos de buena mañana alteran el pulso a cualquiera… pero, que cojones, son la sal de nuestra vida…” – adivino que piensas, por tu sonrisa al sentarte tras el volante.

Te conozco y soy capaz de imaginar el escalofrío al notarte mojada otra vez, cuando parada en un semáforo, recuerdes fugazmente lo que sucedió anoche, sobre todo si fueras capaz de verte como yo te vi en aquel momento…

Intentando recuperar la respiración con tu cara contra la pared; las piernas abiertas ofreciéndome ese culo que me encanta; el pelo pegado por el sudor; la mirada animal, furiosa, brillante, cargada de puro deseo y las rodillas temblando por ese último orgasmo brutal, mientras gotas de la esencia de esa pasión desatada, resbalan lentamente por la cara interna de tus muslos y yo te beso, delicadamente, en silencio, todas y cada una de tus vértebras para llegar a tu cuello y morderte la nuca, rematando con un beso dulce nuestro sueño particular. Justo antes de caer ambos abrazados sobre la cama, agotados pero felices, y quedarnos dormidos…

 

—Su tiempo se ha agotado.

La voz metálica e impersonal del asistente sensorial me avisa que ha pasado el tiempo de mi terapia. Siento la boca seca mientras parpadeo para acostumbrarme a la luz que, poco a poco, va aumentando su intensidad en la estrecha cabina. Lentamente estiro mis brazos y cuando se eleva la cubierta del cilindro saco las dos piernas fuera, aunque todavía me tomo mi tiempo para levantarme.

Cada día me cuesta más volver del mundo de los recuerdos, inducido por las drogas y los sensores acoplados al módulo de memoria de mi cabeza, pero no soy el único. A mi alrededor, veo unas doce personas que han terminado su sesión de terapia semanal; puedo observar que, a todos, sean hombres o mujeres nos cuesta volver del mundo de los recuerdos pero es la única forma en la cual la humanidad puede soportar las largas estancias en el planeta rojo, necesarias para hacer habitable este mundo y poder rebajar la presión que los humanos llevamos ejerciendo sobre la tierra desde hace varios siglos y mantiene al planeta a un punto del colapso.

—A grandes males… – susurro mientras sonrío cerrando los ojos un instante y soñando, esta vez despierto. – Este sacrificio de la colonización avanzada le garantiza un futuro mejor a mi familia cuando, dentro de unos años,  sea sostenible la vida bajo la superficie marciana ya que seremos los primeros en abandonar la superpoblada Tierra, para habitarlo.

No puedo evitar sonreír de medio lado, mientras salgo de la sala hacia el módulo de control central. Tengo que revisar unos análisis prometedores que nos indican, por fin, la posibilidad de haber encontrado agua en Marte. Dentro de poco, mis sueños, podrán hacerse realidad… de nuevo.

 

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