A grandes males – @alasenvuelo

Yamile Vaena @alasenvuelo, krakens y sirenas, Perspectivas

Nunca fui particularmente importante. Tampoco fue que alguna vez tuviera la oportunidad de ser gratuitamente popular, o destacado en deportes o en oratoria. No era de los marginados. No era estudioso, ni me gustaba leer demasiado. Mi inteligencia no bullía por su brillo propio, ni era el más gracioso, o el más guapo, o el más rico. Tampoco el más hábil para ningún oficio. Aaaah… pero sabía hablar.

Así que de joven, encontré lugar en el partido político dueño del gobierno de mi país. Y allí crecí. Aprendí a moverme. Entendí la cadena de favores que hace que uno vaya subiendo en la escalerita, usando de impulso a los que están abajo, escalando cabezas, quitando del camino a quien me estorba,  pisando una a una para subir. Así conseguí mi primer puesto. Goberné a gusto. Aprendí a manipular los números. Era bastante limpio a comparación de los otros, encontré la manera que otros hicieran el trabajo sucio por mí. Así que no podría nadie, ni mis peores adversarios, comprobarme ninguna corruptela. Tenía los beneficios sin correr los riesgos. Esa fue mi mejor arma. ¡Ah! pero encontré un modus vivendi cómodo y con lujos. Tenían que “preocuparme” los pobres, tenía que ser el “Robin Hood” de mi partido, de mi gobierno, de mi país. Y lo fui. Quita a los ricos, reparte a los pobres, y claro, guarda tu comisión. Tuve que aprender a cuidarme las espaldas, me cree enemigos, pero aprendí a esquivar los embates. Me quitaban una oportunidad de crecer, me cambiaba de partido, me robaban la posibilidad de gobernar, y ya tenía suficientes seguidores para armar marchas y mítines que hicieran rabiar a mis enemigos. Ofrece medidas populares. Promételes todo. No importa que sean mentiras, la imagen es lo que cuenta. Esta es una guerra de percepciones.

Pasó mucho tiempo. tuve que vivir las frustraciones por muchos años, pero esperé fortaleciéndome, aprendiendo de mis errores. Con los años aprendí a pulirme. Las últimas elecciones fui candidato por el partido de “izquierda” establecido. No me dejaron llegar al poder, pero ahora ya me toca. Con tiempo y luego de protestar lo suficiente, armé mi propio partido político y no tardé en cosechar las almas perdidas de los que ya no tenían lugar ni hueso en otros lugares. La gente está tan harta de todos los otros zánganos que quieren algo distinto. Ahora podré ser su salvador. Así llegué aquí. Hoy encabezo las encuestas para ser presidente del partido que yo mismo inventé. Soy un Dios.

Sigo sin ser destacado en oratoria, sin ser particularmente inteligente, no soy el más gracioso, ni el más rico, ni tengo ninguna habilidad en ningún oficio. ¡Ah! Pero ahora soy popular ¡y soy el Dios de mi país y el próximo presidente!

 

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