A caballo regalado – @Macon_inMotion

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Un hombre angustiado entre el público se lleva las manos a la cabeza, en unos segundos se dejará llevar por la desesperación. Un caballo se desfonda al enfilar la recta de meta, está sufriendo un ataque al corazón. Un jockey azuza inutilmente a su montura, desconoce que esta lleva un enorme chute de eritromicina, claritromicina y QTHC´s. Otro hombre, de pie al final de la grada, se cala el sombrero y sonríe al ver desplomarse al caballo indicado. Una mujer aparta la vista al ver como el equino cae, tragado durante unos instantes por el barro. Hay un ganador pero no es el que todos esperaban. Gritos. Estupor. Tragicomedia en el hipódromo.

Hay un tumulto en el graderío, es el hombre angustiado que forcejea con otros dos. La apuesta era segura, Miller era un purasangre. Había vencido en las nueve últimas carreras y esta debería haber sido la décima. Era el favorito absoluto. No podía fallar y sin embargo había fallado.

Alguien cae al suelo y arastra a una mujer en su caída, vuelan las pamelas. Lluvia de flashes. Portadas fáciles para la prensa amarilla. El jockey al caer se ha roto una pierna y se debate entre gritos de dolor. El caballo le ha aplastado. Nadie le presta atención. Aparece una ambulancia. Cuatro policias uniformados hacen acto de presencia, empujando por el camino a un camarero de blanco impoluto. Este acaba dando con sus huesos en el suelo pero perdiendo antes, inevitablemente,  el control sobre la bandeja con las bebidas. Cuatro gintonics, dos margaritas y un daikiri realizan una perfecta parábola antes de acabar arruinando un Hugo Boss de 3500 euros perteneciente a un obeso espectador que la emprende contra el último de los policias.

Más arriba, en las cabinas de radio, los locutores enloquecen. Varios smartphones registran el despropósito. Carne fresca para Youtube.

Un griterío sacude el lugar. La gente se ha agachado. Ha sonado un disparo. El hombre angustiado, después de golpear a una de las personas con las que forcejeaba ha echado a correr. No es lo suficientemente rápido. Otra de esas personas ha sacado un arma y le ha disparado. El hombre angustiado cae al suelo después de permanecer inmovil durante un par de segundos, como si su cuerpo no tuviera aun constancia de que le habían disparado.

La muchedumbre ahora corre en todas direcciones tratando de alejarse de allí mientras la policía intenta mantener el orden infructuosamente.

 

«Sí. Sí, lo se. […] Pero dije explicitamente que fuerais discretos. […] No. No. […] No me interrumpas, me cago en Dios. Os lo dije claramente. Dis-cre-tos. Discretos, joder. Y no la que habéis montado. Menudo sainete. Y encima un muerto. […] Que ya lo se, hostias. Que ya lo se que era un muerto de hambre pero no era eso lo que yo… […] Por mis muertos que si me vuelves a interrumpir eres el siguiente que cae. ¿entendido? […] Muy bien. […] Sí. […] ¿Qué mierda le metisteis al caballo? […] Bueno, es igual. Mira, escucha. […] Que me escuches, cojones. Respondes con tu vida si tu amigo canta. ¿he sido lo suficientemente claro? Con tu vida. […] Sí. Ya lo se. Ya se que él no disparó, que fuiste tú. Hemos tenido mucha suerte de que la madera le cogiera a él y no a ti. […] Sí, esta línea es segura. […] Esta noche. De acuerdo.»

El hombre cuelga el teléfono y tira un periódico al suelo de su despacho. Varias cabezas de caballos  y fotos con trofeos adornan la pared del fondo. Acaba de ganar mucho dinero.

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