6 grados – @IAlterego84

IAlterego84 @IAlterego84, krakens y sirenas, Perspectivas

[Viene del Capítulo 1]

Capítulo 2

 

Johnny

¿Qué demasiao? O voy más ciego de lo que pensaba o esto es una coña. A ver, voy a leerlo otra vez porque estoy alucinando bellotas, macho. Me enciendo un porro bien cargado. Grifa de la buena, nada de mierda apaleada. Dos caladas y a viajar. Pupilas como las de un gato. Pesadez en los párpados y las manos adormecidas. Risa de loro y una pregunta, si esto va en serio, a ver cómo coño escribo yo ahora al siguiente en la lista…

Paranoia.

Espera. Espera. Espera. La letra esta del remite se parece a la de mi vieja, ¿no? Qué hija de puta. Me monta el numerito ese de me quiero morir y se toma mis rohipnoles. Y ahora esto. ¿Y ahora qué hago? Si la pongo a ella nos vamos los dos para el hoyo. Joder, qué movida, tío. Un par de tiros me ayudarían bastante a bajar el globo que llevo y poder pensar con claridad. Porque joder, en qué marrón me ha metido la madre que me parió. Será cabrona. Luego que si soy un hijo de puta, es que…

Venga, vamos a hacer una cosa. Nos echamos un piti sin aliñar, para ver si nos centramos un poco, ¿ok?. Porque joder, esa es otra, a quién quiero que me quiten de en medio sin que yo tenga que mancharme las manos. Qué fuerte, tron (risa de cuelgue incluida) si parezco el notas éste del Padrino. Tengo una oferta que…

Buah, la hostia, bro. Si estoy hecho un mafias y todo. Qué cuelgue más guapo, vamos a esperar un poco y ahora lo pensamos, qué fuerte macho… ¿El Lolo no me tangó un poco de cristal la última vez que le pillé? Puff, ni me acuerdo y la verdad es que me la pela. Es un buen chaval en el fondo. Lo que pasa es que se ha quedado gilipollas por meterse tanta mierda. El no controlar es lo que tiene, que se te va la olla y no recuerdas qué has hecho ni con quién…

(Más tarde. El ciego que empieza a caer en picado. Sequedad en la boca. Hambre de chocolate o cosas dulces. Lucidez. Nombres bailando en la cabeza. Caos).

Me está entrando una mala hostia que flipas, macho. Porque no está en casa, si no me iba a escuchar. Pero no hay tiempo. ¿Qué hora es? ¿Cuánto me queda de vida? Joder, joder, joder. A quién nomino. Si ya tengo hasta el sobre y todo. El mismo en el que guardo lo que gano vendiendo lo que me saco con los tirones.

Lo he mirado varias veces. No. No hay billetes dentro. Imagínate la historia del mierda al que le mande la carta. Jajajajjajaja. Vas a morir si no nominas a otro notas blablablabla y de propina te llevas cien pavos. Vamos, la hostia macho.

Espera, espera, tío. ¿Cómo se llamaba el cabrón ese que vivía donde paraba con los de volcar motos a pizzeros? Sí, joder, hijo puta, si lo tengo en la punta de la lengua. Si, joder… La dirección me la conozco, pero cómo se llamaba el tío. Mierda, me sale su apellido, pero no el nombre… O era el nombre que parecía un apellido… Sí, joder, cómo era…

Señor Martín S.

Mierda de día. Hay que joderse. Hay veces que es mejor no levantarse de la cama. Y hoy es uno de esos. Primero, los viejos esos dando por el culo con el tema de las preferentes. Coño, si les queda medio telediario. Podían irse a ver obras o a dar de comer a las palomas en el parque. y no a intentar dar pena con que ahora no les llega la pensión. Que lo hubieran pensado antes de firmar. Joder, nadie da gato por liebre y donde yo trabajo es un banco, no un monte de piedad para pedir limosna ni el ejército de salvación.

Y por si fuera poco, en la calle, un hijo de puta me ha rayado el coche nuevo. A la mierda sesenta mil pavos porque un gilipollas quería dar la nota. Así que nada. Ni comida con los empresarios que había planeado ni Cristo que lo fundó. Al taller a dejarlo, y al concesionario para ir a coger el de sustitución. Me moría de ganas por llegar a casa, beberme un buen whisky escocés, llamar a alguna puta que me haga un apaño, y si la cosa se prolonga, volcar un poco, que para algo tengo dos gramos y medio de boliviana de primera en la mesilla.

Pero no. Ni putas ni putos, ni coca ni coco. Al llegar a casa, una mierda de papel asomando por debajo del felpudo. Lo primero que he pensado ha sido que era propaganda. Esos cabrones se pasan por el forro de los cojones el que haya un buzón para ello justo en la entrada de la urbanización. Pero no. No era eso. Lo he leído varias veces conteniendo el aliento. Las llaves en la mano, temblando como dos cascabeles. Un sudor frío, y la necesidad de encenderme un cigarro nada más entrar en casa.

Y así llevo un par de horas. Empalmando un cigarro con otro. La nota lo deja bien claro, voy a morir, a menos que nomine a alguien. Siento un nudo en la garganta. Es como si el nudo de la corbata me estuviera apretando más de lo debido. Lo aflojo pero es inútil. Joder. Me pongo en pie y me paseo por la habitación. La suela de mis zapatos italianos arranca chirridos al suelo. En otro momento me habría molestado estropear una madera noble de esta manera tan absurda, pero si no logro centrarme, sé que la única madera que voy a ver es la de mi ataúd, pero forrada en terciopelo rojo y con la tapa cubierta de arena.

Trato de pensar. No hay manera. ¿Quién? ¿Quién debe morir para que yo siga viviendo? ¿Mi ex? No merece la pena. Sé que está con el agua al cuello para pagar la hipoteca de su última casa. Si me hubiera hecho caso, habríamos tenido hijos y ahora yo estaría jodido para poder pasarle la pensión, pero claro, así son las cosas. Y mejor que sufra a tener que ir de entierro.

Vale, pero entonces, ¿quién? ¿El mierda del encargado del banco? Tampoco. Tiene cara de gilipollas con esas gafas de culo de vaso, sí. Pero hace su trabajo. Evitar que la gente a la que desplumo a diario a cambio de plazos fijos o hipotecas que acaban en embargo, llegue a mi despacho y me despellejen allí mismo…

El nudo de la garganta aumenta. Intento tragar saliva. Estoy parado en mitad de la sala de estar, y estoy sudando. La camisa se me pega al cuerpo, y al mismo tiempo tengo frío. ¿Quién? Joder, ¿quién? Y como por arte de magia, su rostro y su nombre vienen a mi memoria. El de ella, no. Esa hija de puta que casi me cuesta mi fortuna, no merece eso. No, el que acude es el mierda de su marido, siempre plegado a lo que ella decía. Imposible de sobornar. Y todo por lo que pasó aquella noche…

Bueno, es igual. Él chaval murió. Yo di positivo en alcohol y drogas. Me vi con la soga al cuello, hasta que un viejo amigo me salvó el culo. Yo sigo vivo, y ahora él va a pagar con su vida para que yo siga con la mía. Suena como una justicia poética, lo sé. Y por ello sonrío, sentándome en el sofá de cuero y poniendo los pies en la mesa de cristal tallado que tengo delante. Creo que aún no es tarde ni para el whisky ni las putas, me siento aliviado y creo que hay que celebrarlo.

[Continúa en el Capítulo 3]


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