1982 – @GraceKlimt + @tijeramanca

GraceKlimt @GraceKlimt, @tijeramanca, krakens y sirenas, Perspectivas

1 cigarrillo, 9 caladas rápidas, 8 segundos reteniendo el humo en mis pulmones, 2 lágrimas cayendo, silenciosas, sobre el colchón.
Te miro.
Fumo.
Lloro.
Y tú, duermes, ajeno a todo. Maldito cabrón, pienso mientras el llanto amenaza con abrasar entero mi cuerpo desnudo, acurrucado en la esquina de la cama.

 

Hay una poesía absurda en el silencio.
Puedes concederle nueve versos,
Encomendarlo a los ocho millones de dioses que tienen los japoneses
O quebrarte dos dedos
Para que un aullido de dolor lo absorba,
Y aún así:
Mi piel borra la leve humedad del lloro sobre las sábanas
Y todo lo que importa es tu silueta convertida penumbra contra la habitación.
Si te lo estabas preguntando: él no despertará.

 

1 te quiero, 9 latidos que se detienen, 8 mundos girando enloquecidos en mi cabeza, 2 orgasmos encadenados, intentando borrar, sin lograrlo, las palabras.
Me araño.
Escuece.
Recuerdo.
Y tú, sonríes, en mi cabeza. Ojalá poder borrarte de un disparo esa puta sonrisa que se pasea indecente en mi interior, mientras me clava las uñas y me arranca el alma.

 

Un muro de diamante pulido por veinte millones de años de pequeñas aves estrellándose.
Nueve mandalas pintarrajeados en el metro por reducir el estrés.
Ocho millones de maneras de morir
Y dos metáforas de lo nuestro posibles
Mientras me visto a la luz de una habitación sin ventanas
Y pienso en el viaje de vuelta al silencio
Y el para qué
Ya no, no puedo responderte.

 

1 jaula sin barrotes, 9 metros cuadrados, 8 gritos silenciosos, 2 ojos que ya no soportan el peso de un mar entero derramándose.
Te acaricio.
Tiemblo.
Elijo.
Y tú, no te imaginas, que es un adiós. Por un segundo, un breve instante, poco más que un pestañeo, estoy tentada a despertarte sólo por sentir el miedo indomable en tu mirada.

 

Una página en blanco dentro de mi memoria.
Nueve minutos antes del primer tren,
Van ocho versos en los que no cabe la despedida ni todos los años después
De dos cuerpos rompiendo la noche
Como en una canción que ya suena demasiado en la radio
Y no despierta más que el sarcasmo
Con el que cualquier animal
Venenoso se lame su herida.

 

1 último vistazo, 9 pasos apresurados, 8 años borrados de un plumazo, 2 manos que no volverán a sentir tu corazón caliente y palpitante nunca más.
Me voy.
Huyo.
Escapo.
Y tú, ya no eres tú, sólo uno más. Inspiro tan fuerte que el aire amenaza con hacer estallar mis pulmones, vuelvo a estar viva, empiezo caminar, ya no me arrastro.

 

Un sentimiento de culpa perdido en algún destello de las lámparas del túnel.
Nueve estaciones perdiendo la cuenta de cuántas
Veces me bajé en la tuya y me pregunto si habrá vuelto a serlo
Ocho disparos de insomnio en el móvil, tecleo dos veces
Tu voz y la mía y no sé
Qué más da la verdad a estas alturas de descenso
—Qué mierda de verso, joder, qué lástima da
Esta promesa inútil de no querer guardar nada.

 

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